miércoles, 18 de diciembre de 2013

La sal del mar

Hola, transeúnte del Bosque.

Esta historia no sé si existe de verdad, me refiero a que, no sé si está escrita. Y desde luego que la forma en la que la he escrito yo no, pero desde luego que no hace justicia a la que me contó mi madre cuando yo apenas alcanzaba la temprana edad de ocho años.

"Había una vez hace mucho tiempo, un anciano que vivía en un puerto cerca del mar. En los alrededores de su vivienda era muy conocido puesto que vendía un aderezo para que las comidas estuvieran más sabrosas, unos polvos blancos bastante gruesos, algo que él bautizó como "sal". Gracias a su invento, al anciano no le faltaba el dinero. Todo lo que le sobraba en sus ventas se lo daba a los pobres pescadores del puerto.
Sin embargo, lo que le hacía rico no era más que un extraño secreto: el anciano era en realidad un viejo mago que había hechizado un molino de café con unas palabras mágicas, para que cuando fueran pronunciadas, el molino comenzara a producir sal por sí solo. Así, el mago dejaba trabajando durante horas al molino llenando barriles de sal para luego venderlos en el pueblo.

Una noche, mientras el anciano preparaba su aparato, unos ladrones entraron en los dominios de su jardín y se posaron al lado de una ventana, escuchando las palabras mágicas, destapando el gran secreto.
La noche siguiente volvieron cuando el viejo estaba dormido y robaron su molino.
Entre carcajadas, vaciaron de pescado unos barriles antaño llenos de pescado y metieron dentro la máquina, uno por uno, hasta llenarlos. Solo cuando todos los barriles estuvieron llenos se dieron cuenta de que la máquina no había parado de echar sal. "¿Qué hacemos ahora?", preguntó el ladrón. "¿Cómo se para esta cosa?, fue la respuesta de su amigo, mirando cómo aquella máquina del diablo tejía una alfombra salada en el suelo de la guarida. Probaron diciéndole cada una de las palabras del diccionario, mezclándolas, incluso gritándolas, pero ninguna parecía atender el molino a la hora de detenerse.

Asustados, los ladrones la dejaron fuera de la guarida escondida en un rincón, deseando que al día siguiente dejara de crear el aderezo, y se fueron a dormir. Cuando amaneció, uno de ellos salió fuera y cuál fue su sorpresa que en la entrada de la casa yacían montañas y montañas de sal. La gente comenzaba a agazaparse en torno a la sal, recogiéndola como podía, con las manos, en los bolsos y bolsillos, hasta en las capuchas de los niños.
El ladrón se metió dentro para avisar a su amigo y entre dos sopesaron la idea más terrible que se les pudo ocurrir.

Con cuidado de no ser vistos y aprovechando la locura de la gente, recogieron el molino escondido metiéndolo dentro de una bolsa, cogieron una barca y se adentraron en el mar infinito. Cuando apenas se veía el puerto a lo lejos, sacaron la máquina de la bolsa, que reventaba de polvo blanco, y la tiraron al mar, mientras observaban cómo poco a poco se perdía en su inmenso fondo.
´
Y así, desde aquel tiempo hasta ahora, la máquina ha estado trabajando incansablemente haciendo sal, y ha terminado convirtiendo el mar dulce de antaño en un mar salado."

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