Sabía perfectamente que Lilium era solo un señuelo. Que en realidad no lo quería. Que era un sustituto de Sao. ¡Oh, Dios mío, cómo añoraba la dulce princesa a Sao! ¿Dónde estaba? ¿Qué estaría haciendo? ¿Con quién? La sola idea de verlo junto a otra dama la aterrorizaba.
Pensaba en él y hablaba con él. Y pensaba y hablaba con Lilium también, y cada vez que lo hacía se sentía peor por él. ¿Tendría algún día que deshacerle esa ilusión? Le daba mucha pena, pero más se odiaba ella a sí misma por el dolor que estaba por llegar, cuando le dijera que aquellos "te quiero" eran gamusinos en el aire dentro de un mundo intangible.
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