jueves, 19 de diciembre de 2013

#3

Nunca hacía daño a nadie, es más, ayudaba a la gente que lo necesitaba. Se preocupaba hasta de aquellas personas que ni siquiera conocía. Porque ella pensaba que la felicidad ajena estaba por encima de la felicidad individual, puesto que constituía más de la mitad de su misma felicidad. La felicidad era, para ella, un sustantivo complejo.

Sin embargo, cuando le hacía alguien daño, sin razón ni conciencia... Eso no lo perdonaba. La gente hipócrita e injusta le provocaba asco. Un tremendo y repugnante asco que escupiría en el papel, como la serpiente que escupe el veneno sobre su víctima.

Aunque ella daba, no esperaba recibir. Pero aun no esperando recibir, no aceptaba muecas y desprecio de vuelta. Ya que lo que hacía era "gratis" para esa persona, ¿por qué ella al menos no recibía lo mismo, o nada? Le daba mucha rabia, infinita, que la dejaran de lado y se rieran de ella sin ni siquiera conocer sus intenciones. 

Los pumas son preciosos hasta que te encuentras enfrente de uno hambriento. Así era ella cuando le hacían daño; un puma hambriento. Así pretendía ser ella cuando le hacían daño, pero en realidad el único felino que veía la otra persona era un gato callejero muerto de hambre luchando por respirar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario