No se dio cuenta de todo lo que le echaba de menos, hasta que oyó su voz de nuevo por primera vez en mucho tiempo.
Entonces y solo entonces reaccionó.
Solo le importaba él.
Él y él. Y nada más que él.
"¿Dónde estás, dónde estás? ¿Y por qué estás tan lejos y no aquí, conmigo, cuidando de mí?"
Nunca supo quién era esa tal distancia, pero en ese momento podrían haber encarcelado sus pensamientos por homicidio de primer grado.
Tuvo que colgar. "No llores", le decía él. Pero ¿cómo no llorar? Si seguía siendo parte de ella, parte de su pensamiento y su alma y parte de su ser.
Tenía miedo de volver a llorar de nuevo cuando la llamase.
Quedaron en hablar en un rato.
Pues tenía miedo.
Cómo no llorar... Si lo único que necesita es un abrazo suyo para ser feliz y dichosa, cómo no llorar si un beso suyo la llenaría de gracia, cómo no llorarle a los cielos y arrancar gritos de su garganta pidiendo clemencia para su dulce y marchito corazón...
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