Los mecanismos de Orianna chirriaron con ternura.
- ¿Por qué no iba a estarlo? ¿Acaso no estoy aquí, hablando contigo? -su rostro pareció sonreír.
- Sí, pero... -la niña alargó el brazo para tocarle el pecho- estás dura y fría, y haces ruido cuando estás callada. Nadie hace eso.
Orianna no respondió. El engranaje que tenía en el pecho, el cual movía todos los demás, giraba con lentitud. Echó los brazos hacia atrás y se dio cuerda.
(la imagen no es mía y no sé quién es su autor/a)

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