viernes, 3 de enero de 2014

La historia de Sao y la princesa III

Y finalmente, llegó el día que ella tanto ansiaba.
Sao llamó al palacio de la princesa, que se encargó, por supuesto, de atenderle personalmente. El joven simplemente entró en sus dominios, se arrodilló ante ella y le contó todo lo que habían sido esos tres meses sin su presencia.
- Ayer, por la tarde, estuve pensando en vos -comenzó, en aquel idioma que solamente ellos dos conocían- Y me di cuenta entonces que crucé medio mundo para verla solo a usted. Que he vuelto a cruzar medio mundo, y aquí me tiene. Si tengo que esperarla, la esperaré. La esperaré por siempre. Porque deseo despertarme y ver sus ojos cada mañana. Beber de ellos el sueño que me queda. Por favor, permítame aguardar, hasta que pueda abandonar su celda de prisión en este mundo, y pueda venir conmigo a su bello y delicado palacio de cristal.
¿Quién podía decirle que no al muchacho, cuando le prometía vivir en un mundo distinto, donde solamente existían ellos dos, donde no importaba nada más? Donde ambos iban a ser el príncipe y la princesa, el rey y la reina, de su propia vida y de su propio mundo.


"Bonne nuit dans notre monde."

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