Los unicornios dan suerte a sus poseedores. Siempre han sido seres tímidos y escondidos, sólo los humanos que contengan un corazón puro, blanco, inmaculado, podrán verlos alguna vez en su vida.
Suelen salir en muchos cuentos infantiles, o de ciencia ficción, pues su belleza y su gracia le dan cierta magia al relato.
El centro de su magia, se dice, reside en el cuerno. Hay libros que dicen que si una persona llega a ver un unicornio se convierte en un semimago, pero si el unicornio toca a esa persona, se convierte en mago completo (Memorias de Idhún).
Hay otros que dicen que los unicornios pueden mantener relaciones sentimentales con humanas, hadas o ninfas (leyendas celtas).
Yo creo en preciosos unicornios, creo en diminutas hadas, creo en bellas ninfas, creo en inteligentes elfos, creo en astutas sirenas, creo en fieros licántropos. Y también creo que hay otro mundo demasiado irracional para nosotros, que por eso no creemos, porque nadie ha sido tan curioso de creer, ver, y volver a este mundo para contar, explicar a los demás lo que ha visto en otra dimensión, la dimensión de todas las cosas ‘imaginarias’ que han ido descubriendo los filósofos, los escritores, los pensadores, pero, sobre todo, los soñadores.
(Escrito a finales del año 2011)
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