Cuando haces el café y al echarlo en la taza te das cuenta de que has echado de más; ese día sabe algo más amargo. Cuando vas a acostarte y esperas que pase tu brazo su brazo por tu cintura, pacientemente; momento que nunca llega y que tú calmas poniendo tu propia mano. O cuando creías que habías tirado todas sus fotografías y te encuentras una en el lugar más inesperado. La miras, la empapas de agua salada y la rajas arrojándola a la basura casi con desesperación…
Y yo sé todo esto porque lo siento. Porque es lo que me ocurre a mí y me siento vacío por ello. Porque aunque nunca haya sentido ese roce suave en mi cadera, nunca haya preparado más café de una taza y nunca haya tenido que borrar un recuerdo, la echo de menos.
A la que nunca estuvo, la echo de menos.
A la que nunca estuvo, la echo de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario