Daba vueltas en la cama. Intentaba dormir de lado, hacia arriba, o abrazando la almohada hacia abajo, y todo, porque no podía dejar de pensar en lo ocurrido esa noche.
- Sal de mi cabeza, ahora, ya. -suspiraba, mirando con los ojos abiertos como platos hacia la pared, perdida en sus pensamientos. Recordando. Se rezaba a sí misma para no olvidar ni un solo momento, para dejarlos marcados en su piel con fuego ardiente y poder recordarlos durante mucho tiempo. Finalmente, sabiendo que por mucho que los pensara no iban a volver para arroparla, se obligó a sí misma a caer en los brazos del sueño.
A la mañana siguiente, al abrir los ojos, exhaló un dulce suspiro. Si había soñado, no lo recordaba. Su mente volvió a la noche anterior. ¿Qué había sido? Estaba tan confundida... Si había alguna cosa que odiaba enormemente, era no poder saber lo que piensan las personas en determinados momentos. ¿Qué habría pensado él? Seguramente no había sido nada, unos juegos para saciar el hambre que sienten dos personas solas... Por el momento, había que dejarlo pasar. El sabio tiempo lo cura y lo arregla todo, es el mejor remedio para cualquier enfermedad, sobre todo esa. Se levantó y fue al baño caminando entre dudas. Se quedó varios minutos mirándose al espejo con expresión indescifrable, pensativa y sombría. Mientras se cepillaba el pelo podía aún percibir cierto rastro del olor de anoche en él. Sonrió y se lo recogió en una coleta sencilla, que le caía sobre el hombro. Divagó en recuerdos durante unos segundos y, cuando volvió a la realidad, regresó a su habitación y agarró un libro. Mirando fijamente la cubierta, pensó que mantendría a su retorcida mente ocupada durante al menos unos minutos, y devoró las páginas.
Lo que ella sabía, pero no quería aceptar, era que ya lo había despertado. Ahora tenía que mantener la calma, actuar despacio, poco a poco, para que nadie notara que, desgraciadamente, había vuelto a caer en esa droga.
Y quería mantenerla viva por todo el tiempo que pudiese, porque la había echado mucho de menos.
Y rezaba al sabio tiempo para que moviese los hilos a su favor, o al menos, que no la volviera a atravesar con ellos de la misma forma que la última vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario