Que yo recuerde, andaba sumida en un suave y leve sueño. Es cierto que luego nunca sé con lo que he soñado, pero no creo que eso importe. Lo siguiente que recuerdo es una presencia detrás de mí, que me despertó instantáneamente pero no me moví… O al menos eso pensé, porque tú entonces, como un gato agazapado sobre mi espalda me preguntaste:
- ¿Ya te he despertado? Llegará el día en el que no lo haré, te lo prometo.
Yo en esos momentos estaba totalmente zombie, así que me limité a murmurar, más tranquila, sabiendo que eres tú:
- Mm… ¿Qué tal el trabajo? Vuelves tarde.
- Precisamente -me contestaste- mal porque vuelvo muy tarde. Sin embargo, ahora la tarde de mañana la tengo libre -y me besaste el hombro con la típica suavidad de tus labios-. Te llevaré a algún sitio.
Me di la vuelta y te miré con los ojos entrecerrados, ¡no podía abrirlos más!
- Ya sólo estando contigo estoy bien. Acuéstate, por favor, quiero sentir tu cuerpo contra el mío…
Y caí rendida de nuevo. Lo último que recuerdo de todo esto eres tú, cayendo por el otro lado de la cama y abrazando mi cintura. Creo que mi cerebro así se quedó tranquilo y definitivamente se desconectó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario