jueves, 10 de diciembre de 2015

Feliz Cumpleaños ft @LeJuan_

No es nada extraño
Aunque a veces los caminos se desvían
Ver pasar nuestros días
Como pasan nuestros años
La vida a veces nos da pereza.
Pero ante todo quiero que sonrías
Al igual que eras una estrella que Lucía
Hoy brillas con más fuerza.
Sendero que conduce al extraño
Idea con demasiada utopía.
Argumentos que no suenan al contrario.
Pudieron pero no quisieron pararnos
Así que mejor que disfrutes de tu día.
¡Lucía, feliz cumpleaños!

Juan Boland
Twitter: @LeJuan_

martes, 1 de diciembre de 2015

#52

Soy el soplo de aire que empuja cansadas espaldas,
aquel pensamiento fugaz que en la guerra alienta almas,
la madre que cuando lloras te abraza,
las sábanas que sujetan tus penas cada noche.

Soy la brisa de las mañanas,
la sonrisa etérea de la vida y
la musa de la misma muerte,
la llama de la verde esperanza.

También soy aquel adiós bien dicho,
la historia que se escribió con suspiros,
un par de ojos más en el nocturno camino,
la mentira más dulce.

Y me encantaría ser
todo eso y más, pero
dile, voz del viento, a la gente,
que se deje querer y ayudar.



La imagen NO es mía. La he sacado de:



domingo, 29 de noviembre de 2015

Rapidez, soledad y lentitud

Fue todo muy rápido. ¡Lo éramos tanto, en todo! Con qué facilidad me enamoré de ti, de tus brazos y tus manos, de tu desorientado corazón.
Fuiste tan rápido al recogerme del regazo de la soledad, ¡y fue tan rápida mi reacción! Apoyé mi mejilla sobre tu pecho y bebí de sus latidos. Día a día, cálidamente, tus manos recogían las mías, tus labios rodeaban mis mejillas y tus abrazos besaban mi corazón.
Con qué rapidez se aprendió la luna tu nombre, qué rápido decidimos amarnos el uno al otro ante su tímida mirada.

Fue tan increíble, que fíjate, llegué a pensar que solo tú podrías seguir enseñándome a aliviar el sufrimiento que supone vivir.

Pasó el tiempo con tal velocidad que parecía un haz de luz entrando en una habitación. ¡Fuiste tan rápido en prometerme el mundo entero!, con qué rapidez te echaba de menos... ¡Con qué rapidez venías a buscarme! Mis manos eran las más veloces en palparte en la oscuridad, soledad y frío de las sábanas.

Qué rápido me devolviste a la vida, me recordaste a qué olía el amor, ¡las mil risas que devolviste a mi rostro!

Sin embargo, qué rápido dijiste adiós aquella mañana, qué rápido se paró mi pecho. Con qué velocidad se esfumó mi recién reconstruida confianza... Como si en vez de cemento hubiese intentado pegar los ladrillos con los suspiros que dejaste pasar.
Qué rápido se derrumbó todo mi mundo, en ¿qué fueron, tres segundos?

Y qué rápido te has curado.

Con qué velocidad has encontrado otro camino, otra persona, otro corazón al que murmurar versos por la noche.

Y qué lento se ha pasado todo este tiempo sin ti, amigo mío, con qué lentitud desperté y abrí los ojos y qué rápidamente se me empañaron de lágrimas de impotencia.
¡Qué rápido entonces me di cuenta de tu gran mentira!
¡Qué lento latía mi corazón, arropado por ti!
¡Qué rápido cambiaste, y fui tan lenta que ni lo advertí!

Y con vagueza la rabia y la frustración llamaron a mi puerta. Me levanté despacio del sillón pero no abrí. Qué más daría, si se fue cubriendo de hielo tu corazón tan lentamente que no terminaba de sentir tu frío.
Culpa mía fue.
Qué despacio viaja el tiempo cuando estás rota, el caracol que nunca avanza, la esperanza de vida de un cadáver.
La lentitud de los latidos de un pecho roto en pedazos tantas veces que ni se podrían contar.
¡Y fue mía la culpa, solo mía! ¡Lo sé!

Y ahora saco el cascarón que cubría mi corazón, lo guardo en una caja y vuelvo lentamente a mi pequeño mundo interior.
Y ahora, bajo las sosegadas miradas de los necios, me pregunto:

"Se rompen tan fácilmente... ¿Qué hay que hacer para arreglarlos?"

lunes, 16 de noviembre de 2015

#51

No, no tenía que haberse quedado contigo, no tiene ningún derecho a apartarme tanto de ti... Y no lo entiendo. Después de todo lo que te sueño, cuido, quiero... ¿Para qué? Para que ella siga disfrutando de tu alma y cuerpo cada segundo de mi vida, de la tuya. Para que lo que haga no sirva de nada. 

Te tiene para ella sola en una burbuja de jabón blanco. ¿Por qué te seduce tanto? Quizá sea su infinita labia que te repite una y otra vez que no estarás mejor con nadie sino con ella, que llena todo tu ser, que no necesitas nada más.

Me muero de celos al pensar que por la noche, cuando te acuestas, ella ya te espera en la cama, que te abraza por detrás hasta que te quedas dormido y se queda velando por tu sueño con dulzura. Y que, probablemente, te ahogue en besos cuando te despiertas.

Y me ahogo yo por dentro un poquito más cuando pienso que, seguramente, entre las dudas de tu cabeza, su recuerdo pasa por tu pecho como un relámpago, y sonríes aliviado por su existencia.

Qué rabia no ser yo ella, qué rabia no poder gritarle a la cara, pedirle que te libere, que se vaya, que se esfume, que desaparezca. Para al menos darme una oportunidad...

Te tiene tan fácilmente, tan atado, ¡y no te das ni cuenta! ¿Cuánto tiempo llevas con ella? Más del que yo pueda imaginar. 
¿No te duele? ¿No te cansas? 
Ven...
No deseo herirte diciéndote esto, pero creo que te mereces a alguien mejor que la soledad.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Noviembre

¿Qué te ocurre, Noviembre?
¿Por qué estás tan triste?
¿No será que tu frío viene
a quedarse con todo lo que viste?

¿Qué te pasa, Noviembre?
¿Por qué estás decaído?
¿No serán tus arbustos,
que desnudos habitan el olvido?

¿Qué está mal, Noviembre,
por qué lloras nieve?
¿No serán tus calles vacías
de risas, sueños y gente?



miércoles, 11 de noviembre de 2015

- Se busca -

-SE BUSCA-


Una luciérnaga fuera del tarro que ilumine mi camino. Un herido al que salvar al borde de la misma muerte, el susurro del mar en el lóbulo de la oreja de un sordo. 
También un oasis en medio del desierto, la flor de loto en las piernas de buda, una caricia en la cama, la carpeta de sinfonías de Beethoven... Una luz en la cara oculta de la luna. 
Necesito un amigo, un amo, un compañero de viaje. El hada que habita en las cabezas de todos los locos. 
La vuelta a la niñez más tierna,
el cuchillo que trae la peor muerte. 
Un todo en medio de la Nada, lo absoluto, un átomo de Carbono.  

Busco la calma infinita tras el dolor. 
La aguja del cirujano para coser mi corazón. 
Aun buscando todo esto, dime,
¿vienes conmigo?
 


domingo, 8 de noviembre de 2015

#50

Sabes, escribo esto en medio de una de esas crisis en las que no te echo de menos, pero te necesito aquí. No te necesito a ti, pero te necesito. Hay tantas, tantas cosas perdidas… Todo lo que ya no va a volver.

Y no, no te estoy llorando a ti, 
le estoy llorando a quien sea que me ha quitado de tu camino.
Estoy llorándole al destino
porque tú ahora ya no estás aquí.

Te echo tanto en falta, y a la vez me importas tan poco…

No lo sé. Todo esto es muy confuso, porque no te quiero, no te quiero. Pero me haces tanta, tanta falta… Tus labios y tus manos. Tus abrazos.
¡Tú no!

No lo sé. Porque no te quiero. De verdad, no te quiero. Hace mucho que dejé eso atrás, pero si no te quiero, ¿por qué estoy tan triste? ¿Por qué araño las paredes pensando que te necesito? ¿Por qué me vienen los recuerdos a la mente una y otra vez? 

No lo sé. ¿Por qué este vacío, por qué…? Tantos pedacitos rotos, mil y un trozos de cristal. ¿Por qué me lo arrancaste y lo tiraste al suelo de esa forma? Quizá esté arañando las paredes porque no los encuentro. Trocitos de mi corazón. Quizá por eso no te quiero y estoy así, porque no te quiero a ti, ¡los quiero a ellos! Pero no están por ningún lado.
No los encuentro.
¿Por qué tuviste que tirarlos así…?

Se han escondido de mí. 
De ti.


(Escrito sin corregir. Nunca se corregirá.)