- Tic-tac. El tiempo corre.
Lane seguía apalancada en su silla de madera con los brazos apoyados en el escritorio, y entre ellos, los papeles que tenía que memorizar de la asignatura que más odiaba: biología, el estudio de las cosas vivas.
- ¡Orianna! Así no me ayudas -gimió.
- Lane, ¿para qué estudias? -la robot se levantó de su rincón y se asomó al escritorio por encima del hombro de la muchacha, mientras esta pensaba la respuesta cuidadosamente.
- Hombre, pues... -se recostó en el respaldo, suspirando- Para forjar mi futuro, para ser alguien cuando sea mayor, para tener algo a lo que agarrarme. No estoy segura, solo sé que si no paso los exámenes y no recibo el papel donde lo verifica, mi futuro será tan negro como el carbón, e incluso no podré trabajar.
- ¿Si no presentas un papel no puedes trabajar?
- Sí, algo parecido.
- ¿Y por qué no lo escribes tú en vez de sufrir para que te lo den?
- ¡Porque eso no puedo hacerlo! Además, para poder trabajar necesito tener conocimientos sobre los que poder trabajar ¿no? Por ejemplo, yo ahora solo tengo los conocimientos de matemáticas, física, filosofía, inglés, etcétera, que aprendo en el instituto, más los que mi padre me da sobre programación robótica y mecánica. ¡No tengo nada más! No puedo trabajar como ingeniera aeronáutica o como secretaria de un alto ejecutivo francés. Tengo que estudiar física dedicada a la aeronáutica o francés como segundo idioma para poder ejercer esas profesiones.
Orianna parecía comprender. Lane se dio la vuelta para seguir estudiando.
- Lane...
La muchacha suspiró.
- Dime.
- Entonces, ¿gastas un tercio de tu esperanza de vida estudiando para intentar encontrar un trabajo que te guste, donde aunque te guste tengas que estar haciendo lo mismo los dos tercios de tu vida restantes para obtener unos papeles de colores con números que según los datos que recojo todos los días parece que se intercambian por lo que quieras, para, finalmente, alcanzar la felicidad teniendo todo aquello que deseas, cuando eres tan mayor que lo único que te hace feliz en sentarte delante de la televisión mirando cómo pasa la vida para los demás, como un ciclo sin fin, algo que se repite una y otra vez pero con distintas circunstancias y distintos matices que, según los humanos, "hacen la vida diferente para cada persona"?
domingo, 23 de marzo de 2014
viernes, 21 de marzo de 2014
Escritura automática #1
No, el champú ya no se lleva. Fotos de casas rotas por el viento, sin acetona que llevarse a la cabeza más que el suave murmullo de una hoja de agua ardiendo en el puchero de un aparato viejo, roído por las lámparas que desprenden un halo de misterio cuando las respiras. También me gustan los pintalabios azules que se comen, como un regalo, así redondos llenos de paz y armonía, y ¿a quién no le gustan los trenes? Uno tras otro y el otro tras uno, ¿trasunto? no, no lo untes que no quiero pan con el tapón violeta. Aquellas tardes bicolor, tanto leonadas como grises, que desprendían quemaduras de limón anaranjado por el sol, tampoco era muy de esperar dejar la mente en blanco y sucumbir al pequeño pecado capital, tan grande como una aguja y tan galaxia como un inmenso. ¿Y por qué el blanco y el negro son el mismo color? Al igual que dos más dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis, dieciséis años tiene mi perro ahora y dentro de tres décadas. Las sartenes destapadas huelen menos a bombilla helada. No me gustaría jugar al ajedrez si para ello tengo que buscar en mi agenda la palabra "perdido" y hacer un colgamiento a la cordura borrada por una cartera barata de marca blanca, como la cera negra del carbón en otoño y el yugo y las flechas de aquellos que un día fueron reyes y reyes serán, con todo y con eso, lo querrán, y amén, y amén hermano, dicen los que han de rezar, que con pan y con vino todo se escribe y acaba en la hora que ha de terminar. ¿Te sentarías al lado del enchufe en el rabo de una vaca que ha comido ratones sin cola podrida? Porque yo no tendría la suficiente cohesión superficial como para realizar un salto de esas catacumbas vivientes. Además de que diez años luz es una distancia considerable al número de vueltas que da un péndulo allá por martes y trece. Me gustan mucho los espejos que no muestran fantasmas y que sin embargo, tal y como dijo alguien, "tienes más cuento que Callejas", ah no, Canalejas, o no, puede que fuera Aznar, o Picasso, ¿realmente alguien lo sabe, lo sabes tú? Al igual que el número de átomos de un compuesto atómico es igual al número de veces que una persona pierde un brazo a lo largo de las trompas de Falopio, Falopio, sodio, litio, potasio y rubidio, eran los hermanos Dalton pero vestidos con minifaldas de tabla haciendo un periódico para la lámpara que se titularía "déjame vivir, porque si no lo haces estaré brillando".
domingo, 9 de marzo de 2014
El Libro de las Magias: Historia II
Aetha era realmente guapa. Todo mago animal quedaba prendido inevitablemente de ella. Tenía las características físicas propias de un mago salvaje que ha elegido un felino como animal de transformación: los bigotes salían por ambos lados del tabique nasal y sus ojos rasgados estaban ebrios de intenciones. El pelo solía recogérselo en una cola de caballo alta que dejaba ver su rostro suave y perfecto. Sus brazos, ágiles, terminaban en unas manos delicadas con dedos largos y uñas duras y afiladas, que tan locas volvían a sus amantes, y sus piernas eran esbeltas y entre ellas siempre dejaba ver su cola suave y mullida de tigre albino de alta montaña.
domingo, 23 de febrero de 2014
Trozos de diarios perdidos, I.
"Hemos hecho la primera parada, todo el mundo está exhausto. Ahora vienen los últimos, se me caen los mocos.
Hemos subido una montaña entera, tengo todo el cuerpo sudoroso. La gente ríe, pero todos están cansados. Parece que nunca termina de venir la gente, ahora miro y somos muchos. Era yo una de las primeras.
Pregunto a algunos "¿Cómo estás?"
- Bien, bien.
- Cansada.
Veo a gente conocida, gente conocida desde hace una semana, un mes, y hasta tres años. Mis compañeras discuten con el profesor: están cansadas y no quieren volver nunca más. Las vistas son PRECIOSAS, así que merece la pena solo para ver esto. Bueno, creo que ya estamos todos... Ah no, siguen viniendo de abajo... Impresionante. Saludo a la gente, sonrío, y no me dicen nada. Buah... Hay gente para todo. La verdad, estoy deseando comenzar.
- Chicos, nos vamos.
Luego sigo.
Madre mía. ¡Me he caído redonda! Estoy aún exhausta. No puedo más. ¡¡Menuda montaña nos han hecho subir!! Me caí literalmente, llorando. Puff. Hemos parado antes dos veces, pero no me dio tiempo ni a sentarme.
Andrés, de 1º de Bachillerato, tirando aceitunas de los árboles a las personas de delante. Ahora hay que bajar la montaña.
No tengo ganas ningunas.
PUF.
Dicen que nos vamos ya.
No tengo ganas.
Luego seguiré, SI ME DA TIEMPO."
No hay fecha exacta, pero está escrito sobre el 2010, en una de las excursiones que hicimos con el instituto.
Hemos subido una montaña entera, tengo todo el cuerpo sudoroso. La gente ríe, pero todos están cansados. Parece que nunca termina de venir la gente, ahora miro y somos muchos. Era yo una de las primeras.
Pregunto a algunos "¿Cómo estás?"
- Bien, bien.
- Cansada.
Veo a gente conocida, gente conocida desde hace una semana, un mes, y hasta tres años. Mis compañeras discuten con el profesor: están cansadas y no quieren volver nunca más. Las vistas son PRECIOSAS, así que merece la pena solo para ver esto. Bueno, creo que ya estamos todos... Ah no, siguen viniendo de abajo... Impresionante. Saludo a la gente, sonrío, y no me dicen nada. Buah... Hay gente para todo. La verdad, estoy deseando comenzar.
- Chicos, nos vamos.
Luego sigo.
Madre mía. ¡Me he caído redonda! Estoy aún exhausta. No puedo más. ¡¡Menuda montaña nos han hecho subir!! Me caí literalmente, llorando. Puff. Hemos parado antes dos veces, pero no me dio tiempo ni a sentarme.
Andrés, de 1º de Bachillerato, tirando aceitunas de los árboles a las personas de delante. Ahora hay que bajar la montaña.
No tengo ganas ningunas.
PUF.
Dicen que nos vamos ya.
No tengo ganas.
Luego seguiré, SI ME DA TIEMPO."
No hay fecha exacta, pero está escrito sobre el 2010, en una de las excursiones que hicimos con el instituto.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Conversaciones con Mina II
- ¡Hola, Mina! ¿Qué tal la mañana?
Mina no respondió, se sentía seca.
- Ah... ¿Quieres agua? Espera...
Le di un vaso de agua. Parecía sentirse mejor, con lo que comencé mi historia.
- Ayer, definitivamente, dijo que me olvidara de él. Hace menos de unos dos meses prometió que estaría ahí para siempre, pero lleva unos días muy muy raro. Le pregunté qué le pasaba y bueno, esa fue la respuesta. Que nada, que se acabó. Que ya no se puede volver atrás, que eso ha pasado y se ha quedado ahí, como un bonito recuerdo. Y ambos queremos dejarlo así, bien, sin discutir, para recordar solo los buenos momentos, pero ya te digo, que se han quedado ahí... En la línea del olvido de la que hablo en mi blog. Esa línea delgada y refinada que separa dos mundos. Donde se depositan el pensamiento, los recuerdos. ¿Dónde están si no? ¿Dónde se almacenan los recuerdos si no? Bueno, no estoy realmente hablando de eso. Así que, se acabó, Mina, no hay nada más. Yo puede que estuviera esperando... No sé... Fue corto y aún lo estoy olvidando. Pero ¿sabes qué?, por mucha rabia que me dé, sí, es mejor. ¿Cómo que "por qué"? Porque ahora sé que nunca más habrá nada, que no me quiere, que será feliz con otra persona que esté más cerca de él. Que pueda tocarle, sonreírle, y hacerle feliz. A alguien quien al menos pueda ver una vez a la semana, eso es todo. Sí, ya lo sé, por favor, no te molestes por eso. No puedo cambiar lo que soy, y parece que aún tengo algo en el corazón que es suyo, que no debería tener, pero que quizás tengo. No sé lo que quiero, pero no quiero ni sufrir yo, ni que sufra él, ni que sufra nadie. A veces me encantaría realmente ser como tú. A partir de ahora, voy a dejar pasar el tiempo. Así, Mina, así, de fácil. Dejar pasar el tiempo. Dicen que lo cura todo ¿no? Pues ya está. Llevaba tiempo temiéndome esto y ahora por fin ha pasado. Ya no tengo que preocuparme más. Un recuerdo. Eso es lo que es ahora. Palabras volando por el aire...
Mina no respondió, se sentía seca.
- Ah... ¿Quieres agua? Espera...
Le di un vaso de agua. Parecía sentirse mejor, con lo que comencé mi historia.
- Ayer, definitivamente, dijo que me olvidara de él. Hace menos de unos dos meses prometió que estaría ahí para siempre, pero lleva unos días muy muy raro. Le pregunté qué le pasaba y bueno, esa fue la respuesta. Que nada, que se acabó. Que ya no se puede volver atrás, que eso ha pasado y se ha quedado ahí, como un bonito recuerdo. Y ambos queremos dejarlo así, bien, sin discutir, para recordar solo los buenos momentos, pero ya te digo, que se han quedado ahí... En la línea del olvido de la que hablo en mi blog. Esa línea delgada y refinada que separa dos mundos. Donde se depositan el pensamiento, los recuerdos. ¿Dónde están si no? ¿Dónde se almacenan los recuerdos si no? Bueno, no estoy realmente hablando de eso. Así que, se acabó, Mina, no hay nada más. Yo puede que estuviera esperando... No sé... Fue corto y aún lo estoy olvidando. Pero ¿sabes qué?, por mucha rabia que me dé, sí, es mejor. ¿Cómo que "por qué"? Porque ahora sé que nunca más habrá nada, que no me quiere, que será feliz con otra persona que esté más cerca de él. Que pueda tocarle, sonreírle, y hacerle feliz. A alguien quien al menos pueda ver una vez a la semana, eso es todo. Sí, ya lo sé, por favor, no te molestes por eso. No puedo cambiar lo que soy, y parece que aún tengo algo en el corazón que es suyo, que no debería tener, pero que quizás tengo. No sé lo que quiero, pero no quiero ni sufrir yo, ni que sufra él, ni que sufra nadie. A veces me encantaría realmente ser como tú. A partir de ahora, voy a dejar pasar el tiempo. Así, Mina, así, de fácil. Dejar pasar el tiempo. Dicen que lo cura todo ¿no? Pues ya está. Llevaba tiempo temiéndome esto y ahora por fin ha pasado. Ya no tengo que preocuparme más. Un recuerdo. Eso es lo que es ahora. Palabras volando por el aire...
miércoles, 5 de febrero de 2014
Orianna II
Estaba acostumbrada a que la ignorasen. Pero completamente acostumbrada, tanto, que lo veía como algo normal. Si preguntaba o proponía algo, no esperaba respuesta, es más, se llevaba una gran sorpresa si la obtenía. Por todo eso y más, a Lane le encantaba la compañía de Orianna.
- Oye, ¿cuál crees que debería tirar ya, el rojo o el azul? -le preguntó un día mientras revolvía en su mochila y sacaba unos estuches de lápices, viejos y raídos. Se disponía a vaciar el azul.
- El rojo.
Lane se sobresaltó y miró a Orianna, que seguía sentada en el suelo, en su rincón, donde la dejaba todos los días antes de marcharse al instituto. Los ojos azules de su robot brillaban con intensidad. En ese momento, Lane pensó cómo un robot podría tomar una decisión como esa. ¿En qué se habría fijado? Quizás en la cantidad de fibras rotas que se veían a primera vista. O quizás había elegido el rojo porque estaba más sucio. O simplemente había sido cuestión del azar. Decidió probarla.
- ¿Por qué el rojo? ¿No te gusta el color rojo?
Orianna se quedó pensando un momento. Tic-tac. Tic-tac.
- El azul lo usas muchas veces más que el rojo. De hecho, si tuviera que regalarte algo, sería azul. El cielo sin nubes. ¿De quién es el cielo, Lane?
La chica se sorprendió aún más y sonrió.
- El cielo no es de nadie -respondió, vaciando el rojo-. El cielo es una de las únicas cosas que compartimos absolutamente todos los seres humanos. El cielo está ahí, nadie nunca lo ha tocado, sentido u olido. Alguien dijo alguna vez "Sky is the limit", Orianna. No hay nada detrás de él, solo hay nada.
La robot intentaba procesar todos esos datos confusos, en vano.
- No puede ser que no haya nada y que haya nada a la vez, Lane. No puedo comprender eso. -decía, cada vez que no entendía algo o que resultaba imposible de interpretar por sus circuitos.
- Bueno, ¡es que son "nadas" distintas! Cuando decimos que no hay nada, es porque no hay nada. Y cuando nos referimos a "la nada", es exactamente igual. La nada es la ausencia de todo, y eso es nada. ¡Estoy diciendo lo mismo! Solo que a mí me gusta ponerle nombre a esa ausencia de cosas y en vez de decir "no hay nada" digo que "existe la nada". Así, podríamos definir el sustantivo nada como "ausencia de todo".
- Entonces... ¿Qué hay detrás del cielo?
- Oye, ¿cuál crees que debería tirar ya, el rojo o el azul? -le preguntó un día mientras revolvía en su mochila y sacaba unos estuches de lápices, viejos y raídos. Se disponía a vaciar el azul.
- El rojo.
Lane se sobresaltó y miró a Orianna, que seguía sentada en el suelo, en su rincón, donde la dejaba todos los días antes de marcharse al instituto. Los ojos azules de su robot brillaban con intensidad. En ese momento, Lane pensó cómo un robot podría tomar una decisión como esa. ¿En qué se habría fijado? Quizás en la cantidad de fibras rotas que se veían a primera vista. O quizás había elegido el rojo porque estaba más sucio. O simplemente había sido cuestión del azar. Decidió probarla.
- ¿Por qué el rojo? ¿No te gusta el color rojo?
Orianna se quedó pensando un momento. Tic-tac. Tic-tac.
- El azul lo usas muchas veces más que el rojo. De hecho, si tuviera que regalarte algo, sería azul. El cielo sin nubes. ¿De quién es el cielo, Lane?
La chica se sorprendió aún más y sonrió.
- El cielo no es de nadie -respondió, vaciando el rojo-. El cielo es una de las únicas cosas que compartimos absolutamente todos los seres humanos. El cielo está ahí, nadie nunca lo ha tocado, sentido u olido. Alguien dijo alguna vez "Sky is the limit", Orianna. No hay nada detrás de él, solo hay nada.
La robot intentaba procesar todos esos datos confusos, en vano.
- No puede ser que no haya nada y que haya nada a la vez, Lane. No puedo comprender eso. -decía, cada vez que no entendía algo o que resultaba imposible de interpretar por sus circuitos.
- Bueno, ¡es que son "nadas" distintas! Cuando decimos que no hay nada, es porque no hay nada. Y cuando nos referimos a "la nada", es exactamente igual. La nada es la ausencia de todo, y eso es nada. ¡Estoy diciendo lo mismo! Solo que a mí me gusta ponerle nombre a esa ausencia de cosas y en vez de decir "no hay nada" digo que "existe la nada". Así, podríamos definir el sustantivo nada como "ausencia de todo".
- Entonces... ¿Qué hay detrás del cielo?
Ignis Divine
Esperaba su sentencia de rodillas en la alfombra. Siempre se había preguntado qué era el purgatorio y ahora por fin podía ponerle imagen. Se trataba de una sala rectangular muy, muy grande. En el centro había una alfombra rojo bermellón ribeteada con encajes de oro de las formas más bellas que uno nunca podría imaginar. No había pilares puesto que no había techo: cuando mirabas arriba todo era negro. No había ventanas, se preguntó entonces qué habría tras las paredes, delicadamente ornamentadas con florituras y adornos imposibles, finos, dignos del palacio del más rico de los reyes. A ambos lados de la alfombra había bancos de madera orientados hacia el fondo de la sala, como en una iglesia.
Y ahí, tras la infinita hilera de bancos (la cual estaba vacía, al menos en esa ocasión), se hallaba el gran trono. Era un sillón colosal, revestido de terciopelo del mismo color que la alfombra. Los reposabrazos y el diseño de la espalda eran de oro puro y brillante que hacía daño al mirarlo. Detrás del trono crepitaba un fuego rojo, infinito: el fuego divino. Y en la parte derecha, entre el sillón y las llamas, había una puerta. Una puerta de plata que resaltaba enormemente en la lúgubre pared.
Comenzó a imaginarse su final y suspiró. Tantos juicios habidos y por haber en aquello que llamaban Tierra, en el mundo finito, que no tuvieron trascendencia alguna... Al final, solamente este valía. El último. El que iba a decidir su eternidad. Pensó que era muy triste que alguien tuviera que decidir eso en vez de su conciencia, y entonces ocurrió.
Apareció. Así, de repente.
No era un señor con barba blanca como se imaginaba la gente. En realidad... No era nada. Estaba ahí, pero no estaba. Sintió que lo respiraba y que llenaba con él todo su ser, sintió que lo acariciaba con cada cabello y cada milímetro de su piel... Y se estremeció violentamente. Nadie hablaba y sin embargo lo comprendía todo. Sentía cómo caía un peso tras otro en su alma a cada pecado cristiano que el Señor iba anunciando. Iba pesando cada vez más, y más, hasta que se desplomó sobre la alfombra. Cuando Dios vio esto, se sonrió y siguió. Y cuando hubo terminado, recogió un despojo de alma marchita del suelo de su purgatorio y lo arrojó al fuego divino.
"Kyrie ignis divine eleison."
------------------------------------------------------------------------------------------------------
Dedicado a Miguel, por hacerme creer en aquel Fuego Divino, ya extinguido, pero que espero realmente se vuelva a encender algún día.
Y ahí, tras la infinita hilera de bancos (la cual estaba vacía, al menos en esa ocasión), se hallaba el gran trono. Era un sillón colosal, revestido de terciopelo del mismo color que la alfombra. Los reposabrazos y el diseño de la espalda eran de oro puro y brillante que hacía daño al mirarlo. Detrás del trono crepitaba un fuego rojo, infinito: el fuego divino. Y en la parte derecha, entre el sillón y las llamas, había una puerta. Una puerta de plata que resaltaba enormemente en la lúgubre pared.
Comenzó a imaginarse su final y suspiró. Tantos juicios habidos y por haber en aquello que llamaban Tierra, en el mundo finito, que no tuvieron trascendencia alguna... Al final, solamente este valía. El último. El que iba a decidir su eternidad. Pensó que era muy triste que alguien tuviera que decidir eso en vez de su conciencia, y entonces ocurrió.
Apareció. Así, de repente.
No era un señor con barba blanca como se imaginaba la gente. En realidad... No era nada. Estaba ahí, pero no estaba. Sintió que lo respiraba y que llenaba con él todo su ser, sintió que lo acariciaba con cada cabello y cada milímetro de su piel... Y se estremeció violentamente. Nadie hablaba y sin embargo lo comprendía todo. Sentía cómo caía un peso tras otro en su alma a cada pecado cristiano que el Señor iba anunciando. Iba pesando cada vez más, y más, hasta que se desplomó sobre la alfombra. Cuando Dios vio esto, se sonrió y siguió. Y cuando hubo terminado, recogió un despojo de alma marchita del suelo de su purgatorio y lo arrojó al fuego divino.
"Kyrie ignis divine eleison."
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Dedicado a Miguel, por hacerme creer en aquel Fuego Divino, ya extinguido, pero que espero realmente se vuelva a encender algún día.
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