miércoles, 4 de marzo de 2026

#76

Los tambores me azotan el pecho.
Siempre uno detrás de otro; andar constante. 
A veces más rápido,
otras más lento,
pero siempre con la misma fuerza,
como si quisieran salir de ahí.

Pero los contengo, porque los necesito dentro.
No sé si se darán cuenta
de que intento cuidar de ellos.

Suenan rápidos, raudos,
todo el rato llaman a mi piel.

Las piernas me fallan,
no pueden sostener su peso.
Me llevo las manos al pecho
y lo intento arrullar a dormir,
pero los tambores lo mantienen muy despierto.


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