miércoles, 23 de diciembre de 2015

#53

No sé si te has dado cuenta de que desde hace ya algún tiempo tus suspiros pasan por mi cabeza antes de rozar el aire y mis mejillas deciden saltarse todo protocolo para sonrojarse cuando oigo el tintineo de tus manos cerca de mí.

¡Me encanta tanto hacerte reír! Me hace sentir bien, relajada y satisfecha. ¡Es mi misión! Que no estés nunca mal, pero ¿qué decir de ti, sin embargo? Eres tan impasible y quieto como la almohada que espera recibir el calor de las cansadas ideas de una persona. Raras veces obtengo un elogio tuyo, solo miradas de socorro de aquel corazón al que no dejas salir.

"¿Qué le hago, qué le hago?", me pregunto cada día, y ¡por fin tengo la respuesta!
No, no sé si lo sabes pero nadie tiene tu olor, tu extraña forma de abrazar, de caminar, tu tacto... Tu sonrisa.

Pero ¿sabes qué?
La sonrisa de alguien tampoco la tienes tú.

Hasta aquí el fin de los días pensados,
los que nunca existieron.

No hay comentarios:

Publicar un comentario