lunes, 31 de marzo de 2014

Conversaciones con Mina III

- Ahhh... Estoy tan cansada...
Me tiré en la cama. Bueno, para ser más exacta, desparramé todas las células de mi cuerpo sobre la capa de tela violeta de la colcha de mi cama. Sí, probablemente eso sea más exacto.
- Oye, Mina. ¿Tú nunca te has parado a imaginar algo que nunca has sentido pero que sabes que lo has hecho?
Mi amiga no entendió absolutamente nada, e intenté aclararme.
- A ver... Seguro que si yo te cuento lo que me ha pasado, lo entenderás.
Pareció suspirar, y yo lo tomé como una resignación, así que comencé mi historia.
- Pues verás, ha sido hoy en clase de biología. Estábamos viendo un vídeo sobre la replicación del ADN. La cámara empezaba desde fuera del núcleo de la célula y se iba acercando hacia un poro nuclear, por el que entró, y entonces pudimos ver las hebras de ADN ahí todas juntas, sumergidas en el nucleoplasma. Ahí estaban.Y al escuchar al narrador decir "el idioma de la vida" se encendió algo en mi interior. Cerré los ojos y sin ni siquiera pensarlo, mi cerebro comenzó a mandar sobre mi conciencia y a proyectar en la pared oscura de mis párpados una serie de imágenes que yo no había visto en mi vida, pero que esran muy, muy reales y muy nítidas. Todo esto mientras me embargaba una sensación de paz extrema, y comencé a sentir que verdaderamente estaba en esos sitios. El primero, que es el que más recuerdo, se trataba de una visión desde atrás de una muchacha totalmente desnuda, con el pelo largo y las piernas abrazadas, más o menos blanca. Tenía los ojos cerrados y parecía dormida, o esa fue la sensación que me dio. Dicha chica estaba flotando en el centro de una gran esfera gigante que parecía exactamente el núcleo de una célula animal, pues tenía poros en las paredes. Y junto a la chica había partículas de distinta forma y tamaño, que igualmente flotaban en el "aire" del núcleo. En ese momento, de la forma que fuera, me di cuenta de que esa chica no pensaba. Se dejaba llevar y controlar por el gran núcleo que parecía alimentarse de ella, a cambio de ofrecerle refugio y seguridad. Daba la sensación de que era como una mamá. Como estar en el vientre de una madre. Que no necesitas pensar porque sabes que no te puede pasar nada malo, que hay algo que no sabes qué es, protegiéndote, pero tú ni siquiera puedes pensar. No sé si entiendes esto.
Mina no dijo palabra, estaba muy atenta. Se dobló hacia delante por curiosidad, impulsada por el viento de la ventana.
- Y esa fue mi primera experiencia. La  segunda fue aún más rara, y ahora, después de dos horas y media, sigo teniendo esa sensación guardada en alguna parte dentro de mí. Esa vez no fue una imagen. Esa vez me trasladé hacia otro sitio, pero no había sitio. Ni siquiera puedo describir lo que era yo, no como en la anterior, que era simplemente un visor externo que no tenía nada que ver con la trama, porque esa vez YO era la trama. Yo lo era todo, todo lo importante en aquel lugar, si es que eso era un lugar. Yo no tenía forma definida, era como una nube. Una nube, un torrente de pensamientos, ¿de pensamientos?, no sé. Yo era vida, y no lo era, era opinión, era como una nebulosa recién creada o una estrella a punto de ser supernova. No veía nada porque ni siquiera tenía ojos, pero tampoco veía oscuridad. Simplemente, nada. Era una sensación realmente extraña.
Mina se rió, pero como no percibí malicia en su risa, lo hice yo también.
- Eh, que es difícil de explicar -me disculpé-. Ya sé que quizás tú ves siempre como yo veía entonces, pero entiéndeme. Cuando cierro los ojos no es que no vea nada, de hecho veo algo, veo la oscuridad. Sin embargo yo no veía nada. Ni luz, ni oscuridad, ni a la chica desnuda, ni una línea infinita, ni un segmento en el espacio. No tenía pensamiento ni opinión, pero me daba la sensación de que YO era un pensamiento. Algo que no existe en sí pero que está ahí. Lo siento, no sé explicarme. La verdad es que espero realmente soñar con eso alguna vez más, porque no sentía nada pero sentía al a vez una paz ilimitada e infinita, que para ser el caso, ser, es lo mismo. Ahí estaba. Para finalizar mi relato te diré que extrañamente yo sabía (aunque no podía saber, no podía pensar) que cuando lo era todo y a la vez nada, cuando no se me permitía el pensamiento porque no hacía falta, porque estaba segura y lo único que quería era existir, sabía de alguna forma que en realidad era yo la muchacha desnuda que se abrazaba las piernas en la primera imagen.

2 comentarios: