Y volvió de nuevo el torrente de pensamientos. Otra vez vino él a hacer una visita. Se repetía una y otra vez su rostro en la imagen de la conciencia, y ella gemía para sus adentros, cada vez con más lástima. Llevaba toda la mañana intentando apartarlo, despegarlo, evitarlo. Pero intentaba evitar lo que inevitablemente es inevitable.
Y quería decírselo todo. Quería enfrentarse a él de nuevo, como la noche anterior, gritarle y chillarle que no quería quedarse sin él. Que iba a doler mucho, que no podría soportarlo. Había incluso llegado a protegerlo, dentro en su mundo interior. Se quedaba por la noche, dormida, esperando sus respuestas. Se sonrojaba cuando la llamaba de aquella forma... Y nadie, ni siquiera aquel monstruo de ojos azules, podría acabar con eso.
Quería llegar, y explicarle...
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