viernes, 20 de junio de 2014

#20

Pensé que podrías recomponerlo. Pensé que podrías reunir todos los pedazos y, poco a poco, reconstruirlo. Pensé que podrías además ponerle un poco de aceite y hacer que funcionara como antes. Tic-tac. Tic-tac. Hacerlo sonar de nuevo con ese suave tañido que constituía la esencia de la felicidad. Pero creo... Creo que me he equivocado. Sigue estando roto. 
Y yo sigo sin encontrar los pedazos.
Y yo sigo sin encontrar la persona que los encuentre.

lunes, 9 de junio de 2014

El discurso de la Nada

- No. Yo no vivo aquí -suspira-. Donde yo vivo no hay nada. Donde yo estoy, cuando duermo, no hay nada. Yo vivo en la nada porque a partir de la nada puedo crear el mundo que yo quiera, como yo quiera, cuando quiera y en la circunstancia que desee. La gente no aprueba el lugar donde vivo. De hecho, piensan que ni siquiera existe. Solo yo sé si existe o no existe, y os puedo asegurar que es el mejor sitio en el que podríais estar jamás. La sociedad tiene un nombre para los habitantes que viven en la nada: locura. Cada uno vive su propia nada, siempre que quiera, por supuesto. ¿Que por qué he elegido vivir en la nada? -suspira lentamente- Porque considero que mi nada es el único mundo real donde yo verdaderamente me siento yo, donde yo verdaderamente soy yo, donde yo me siento a gusto. Donde puedo decir que soy dueña de todo lo que digo, hago, veo y siento. Porque sin embargo, en el mundo "físico" no soy dueña... De nada... De nada. 

Me inculcan unos ideales y sigo unas pautas de comportamiento desde pequeña, porque creen, mediante un acuerdo consensuado de la sociedad, que eso es lo mejor que pueden hacer... Con todos... Los seres... Humanos. Que no hay otra vía. Que no hay... Escape. Así que, desde hace mucho tiempo decidí que no iba a volver al mundo "físico". Nunca. Jamás. Y que viviría siempre, a partir de ese momento, a partir del momento en el que me di cuenta, en mi mundo de la nada particular -suspira-. Es realmente donde quiero estar. 

Consigo compaginar los dos mundos porque repito una y otra vez a mi mente: "lo que ves no es cierto... Lo que ves no es cierto..." Y la obligo a ver mi nada en el mundo físico. Cambio formas, colores... Adapto el mundo real a mi propio mundo, y así, queridos amigos, es como mi día a día se hace un poquito más llevadero, puesto que cada vez que hago algo que me obligan lo cambio por otra cosa que yo quiera hacer, pienso de otra forma... Me vuelvo loca. Me invade esta locura... Y solamente así, viviendo de esta forma, con mi locura... Consigo ser feliz.

miércoles, 28 de mayo de 2014

#19

- Mira ¿y esto? -me quedé un momento callada con los labios posados en el micrófono, y mandé a mi personaje recoger el pergamino que estaba tirado en el suelo. La cueva era tan oscura que no sabía si en él había algo escrito, así que levanté la mirada para localizar a mi compañero, que tenía la antorcha.
- ¿Qué es? -me preguntó, a lo lejos.
- Es una nota... No leo lo que pone, ¿puedes acercar la luz?
En seguida vino corriendo, y le tendí la nota. Comenzó a leerla:


"Y ¿qué nos queda de aquello que un día fue y ya no ha vuelto más a ser? Aquí, con cada uno, solo queda la experiencia.
La experiencia que repta por las paredes de la consciencia, atenta, abstracta, invisible, caótica, que nos muerde y nos acecha en cada brisa de nuestra vida.
Puesto, ¿qué nos queda de aquello que es y que algún día ya no será nunca más? Aquí, con cada uno, solo queda la experiencia.
La experiencia que aprende de los libros del tiempo, lenta pero inexorablemente, gólem de cristal y acero, que se cae, se rompe, pero nunca del todo. Una de esas cartas que se guardan bajo llave en los baúles raídos del alma.
Entonces, ¿qué nos quedará de aquello que será y nunca dejará de ser? Aquí, con cada uno solo queda..."

Y en ese momento paró de leer. Yo no había entendido muy bien lo que decía el texto, pero sabía que necesitaba saber el final de esa última frase, y me quedé mirando a mi compañero sin comprender, hasta que él resbaló la mirada hacia mí con una expresión vacía. Lo único que pudo decir fue:
- Lo que continúa es totalmente ilegible...

jueves, 22 de mayo de 2014

#18

Ella le enseña una foto de su infancia.
- Yo era así. Era mona ¿eh? De pequeña era una monada de chica, era como achuchable. Eso, para mi familia. Desde pequeña he sido la muchacha marginada.  Me he pasado, sinceramente, la vida detrás de mis "amigas". Para ser yo un poco... Popular es una palabra muy fuerte. Para que el mundo notara que estaba yo allí, para que me mirasen... Por lo menos. Desde parvulitos estuve encaprichada de un muchacho el cual estaba encaprichado de la pija de la clase, y no me hacía ni caso. Pasaba de mí, incluso me insultaba. Y, claro, él tenía a su panda de amigos que le respaldaban. Yo, ¿qué tenía? Lavabos en los que llorar, ja, qué triste. Todos los recreos, detrás de la gente. "Kimiko, se me ha olvidado el bocadillo en clase, ¿podrías traérmelo?" Claro. Yo iba a clase y le daba su bocadillo, porque él estaba jugando al fútbol. "Kimiko, ve a decirle al señor Hitaki no se qué" Claro. Yo iba a decirle al señor Hitaki no se qué, porque ella estaba ocupada. ¿La culpa? Mía. Decirle: "Ve tú" Pero, claro, me quedaría no sola, sino, me convertiría en algo repugnante para la sociedad del patio: sola, sin amigos, y con mala leche. Yo no quería eso. Mi alma sólo pedía a gritos un poco de amistad. Con el tiempo logré convencerme a mí misma de que eso no existía, de que la amistad es un timo. Siempre te apuñalan por la espalda. La chica con la que salimos la primera vez, le cuentas algo, lo que sea, y ya lo sabe toda la villa. El chico que te conté la otra vez, después de un beso, vacío, nada, soledad de nuevo. Eso no está bien, y lo digo yo, que siempre he sido una mandada, haciendo lo que me pedían, siendo una sirvienta… Para luego, encontrar vacío y soledad. Yo le dejaba mis colores a todo el mundo, pero nadie quería dejarme sus tijeras: "Las estoy utilizando" Y, les quedaba aún para empezar, o ya habían terminado simplemente. Esas cosas me hicieron pensar que yo era un absurdo monstruo. Llegué hasta el punto de hundirme tanto que me leí Frankenstein, y eso fue la gota que colmó el vaso.

Aquel monstruo feo al que nadie quería, en realidad tenía buen corazón.
Pensaba ¿y esa soy yo? ¿Soy yo la macabra creación de Víctor Frankenstein? Hubo un tiempo en que me negué totalmente a aceptar eso, seguía intentando hacer amigos. Soy simpática, tú lo has dicho… Pero ¿es eso lo que quiere la gente? No. Por eso te tengo sólo a ti, por así decirlo. Los humanos son absurdos. La pija de la clase no tenía ni 2 dedos de frente, era yo la que sacaba todo sobresaliente. Nadie se fijaba en mí, todo el mundo iba a por ella. Yo era la que les recogía las babas y la que estaba allí cuando lloraban. Yo era la de "Free Hugs". Los demás se aprovechaban vilmente de mí, y yo me dejaba aprovechar, porque cada "Free Hug" valía mucho para mí, aunque fuese mentira. Tenía en mis brazos una vida, un ser humano, alguien capaz de amar. ¿Por qué no era mi amigo? ¿Por qué sólo me quería para eso? Cuando se les pasaba el berrinche, se ponían a jugar, y me volvían a dejar sola… Y yo volvía al servicio... Hasta que sonaba la campana. Por fuera, querido amigo, por fuera, mira qué guapa y simpática soy. Pero estoy totalmente rota por dentro. Me paso noches enteras llorando. Necesito algo, algo, alguien que cubra esos años rotos y sucios, algo, algo, alguien que pueda darme abrazos de verdad, alguien que sepa quererme, alguien que me quiera por lo que soy, por las buenas notas que saco. Alguien que me quiera, simplemente. Mira, si yo no tuviera esta familia que tengo -amo a mi madre, es la mejor del mundo, ella es la de “Free Hugs” siempre que necesitas y yo se los gasto todos-, probablemente, me hubiera suicidado ya. Me duele mucho, por dentro. A nadie le cuento nada, no salgo de mi casa nunca... 
Soy... Soy un asqueroso ser olvidado. Y, probablemente, seguiré olvidado. Seguiré con esa sonrisa en la cara. Siempre. Para siempre. No la quitaré nunca. A ver si alguna vez se acerca alguien y tiene la buena bondad, el corazón tan puro de acercarse a mirar cómo estoy y a curarme por dentro.

miércoles, 7 de mayo de 2014

#17

Odio mentirte. Lo odio. Y ¿sabes por qué lo hago? Porque soy literalmente imbécil. Me pongo nerviosa, y busco la salida más fácil a todo: la mentira.
Hay gente que dice que mentir es un arte, pero aunque desgraciadamente, tal y como me has dicho, lo practico bastante, no consigo hacer de él precisamente un arte. Todo lo contrario, solo consigo que no confíes en mí, enfadarte y ponerte triste. Como consecuencia, enfadarme yo y ponerme triste.
No eres tonta. Sé que ya prácticamente la mitad de las cosas que digo no te las crees. Y que has tragado mucho, tal y como me has dicho. Siento muchísimo haberte salido tan asquerosamente mentirosa. Realmente no sé cuándo verás esto. Pero bueno, algún día, espero.
No hay razones para mentir si tienes confianza en la gente, y no es que no la tenga contigo, ya lo sabes, es simplemente que creo que mintiendo acorto el camino a muchas cosas. Y lo único que hago es hacerlas más difíciles.
Este curso es una mierda, tú lo sabes. Y yo, más que tú, lo sé. Porque pequeños y grandes dicen que el curso se ha vuelto mucho más difícil de cómo era antes. Porque nunca he tenido que trabajar tantísimo como lo estoy haciendo ahora, porque duele, y hay cosas que he hecho muy mal. Ya no puedo seguir esto ¿sabes?
Cada vez que discutimos me hago trozos por dentro, migajas de pan.

No encuentro esto verdaderamente útil…

martes, 8 de abril de 2014

#16

Algunas pasaban rozándome, acariciando mi pelo, y otras iban directas a mi pie, mis piernas, o mi torso. Me agachaba, corría saltaba... Las esquivaba todas. Por eso quedé la última. Cualquier pelota que me tiraran fuera del pequeño cuadrado era devuelta a los del equipo contrario. Hasta que, por medio del más útil truco sucio del humano, me vencieron: el engaño.
Agarró la pelota una chica joven, que yo no conocía en la pequeña lista de mis amigos, guapa, y me lanzó una pelota imaginaria que yo esquivé. Todo fue un instante: miré rápidamente, como siempre, hacia atrás, para recibir un nuevo pelotazo. Pero aquellas personas carecían de pelota que pudiesen tirar. Miré a todos, los escudriñé con mis verdes ojos... Hasta que comprendí y me di media vuelta. Aquella criatura, bella, pero tramposa estaba sonriéndome con malicia, con la pelota aún en la mano, en perfecta posición de tiro.

Escrito a mediados del año 2009.

#15

Queridos transeúntes, acabo de encontrar en una de mis carpetas esto. Esto fue una "declaración" que escribí a un muchacho que veía todos los días cuando salía del instituto, los dos últimos años que estuve en él, antes de trasladarme al que estoy actualmente. Me volvía realmente loca, no podía dejar de mirarlo. Tenía algo. El final de la historia es bastante triste: nunca me habló, hasta que unos días después (yo consciente de que había leído lo que le había escrito) le hablé yo. Me preguntó que quién era, riéndose mientras se alejaba por el paso de peatones, y muy muy roja le dije o intenté decir que "no era nadie."
Semanas después me enteré de que lo había leído en su clase y se habían reído absolutamente todos de mí. Aprendí bastante aquel día. 

Aquí está el texto en cuestión:


Sales del instituto, riendo con tus amigos, disfrutando del placer de salir por fin de él tras un agotador día entre ecuaciones y tipos de moléculas. Le das un codazo a un compañero en las costillas, sonriendo, te colocas la mochila en la espalda mientras cruzas la calle, y ni te imaginas que un corazón está a punto de estallar en el pecho de una muchacha. Me sonrojo, y te miro a los ojos cuando pasas, a apenas medio metro de mí. Entonces el mundo desaparece, la calma del corazón inunda mi alma, y sólo te veo a ti. Una compañera me coge del brazo intentando llamar mi atención, pero murmuro 'para', y me quedo mirándote como hipnotizada, trago saliva. Tú me miras y entonces mis labios esbozan una tímida sonrisa, intentando ocultar mis mejillas color manzana con ella, pero tu mirada, desgraciadamente, no es eterna: la giras, y con ella tu dulce cabello negro, impidiéndome la vista de tus ojos oscuros. Noto entonces que te alejas. Que la gente vuelve, que se va la calma, que me tiran del brazo, que mi corazón en realidad está roto y frío, que ni siquiera sé tu nombre. Salgo de ese sueño, guardando tu imagen en mi cabeza, esperando renovarla al día siguiente, como cada día durante dos años.

Escrito a mediados del 2011.