martes, 8 de abril de 2014

#16

Algunas pasaban rozándome, acariciando mi pelo, y otras iban directas a mi pie, mis piernas, o mi torso. Me agachaba, corría saltaba... Las esquivaba todas. Por eso quedé la última. Cualquier pelota que me tiraran fuera del pequeño cuadrado era devuelta a los del equipo contrario. Hasta que, por medio del más útil truco sucio del humano, me vencieron: el engaño.
Agarró la pelota una chica joven, que yo no conocía en la pequeña lista de mis amigos, guapa, y me lanzó una pelota imaginaria que yo esquivé. Todo fue un instante: miré rápidamente, como siempre, hacia atrás, para recibir un nuevo pelotazo. Pero aquellas personas carecían de pelota que pudiesen tirar. Miré a todos, los escudriñé con mis verdes ojos... Hasta que comprendí y me di media vuelta. Aquella criatura, bella, pero tramposa estaba sonriéndome con malicia, con la pelota aún en la mano, en perfecta posición de tiro.

Escrito a mediados del año 2009.

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