miércoles, 9 de septiembre de 2015

#45

El mundo no sucumbirá al fuego.
Ni sucumbirá al hielo.
Al mundo lo destruirá el ser humano.


(Escrito a finales del año 2010)

#44

Hay muy pocas personas buenas en el mundo.
Los pocos que somos, algún día dejaremos de serlo,
para que otros nos sucedan. Sin embargo, cada vez
habrá menos gente feliz. A las personas se les quitarán
las ganas de ser felices. Ya no habrá emociones.


(Corregido, escrito a finales del año 2010)

martes, 8 de septiembre de 2015

#43


De tu mirada, niña,
se me hizo un mundo entero.
Tú ahí, de pie, con el corazón en un puño,
esperando el momento oportuno
para robarme un beso
abalanzándote a mis labios.

#42

¿Sabéis ese tipo de vacío inmenso que se agarra al pecho cuando alguien decide marcharse de tu día a día?
Esa caída infinita a la incertidumbre que no te lleva a ninguna parte.
El vacío no es oscuridad: no es nada. No puedes ver nada, ni oler nada, ni tocar nada. Solo descender en picado indefinidamente.

Esperar.
A que, bueno, quizá alguien entre en tu vacío y apoye las manos para que puedas caminar sobre ellas, y dejar de caer. Que te mire a los ojos y cuente la cantidad de horas que se pasaría observándote caminar. Que te susurre el deseo que tiene de abrazar tu cuerpo contra el suyo, contra el tiempo...

Esperar. 
Un par de eternidades a que, bueno, alguien venga a rescatarte.

sábado, 22 de agosto de 2015

#41

Somos humanos.
Establecemos leyes,
construimos ideales,
cumplimos sueños,
pero hay algo que sin darnos cuenta
vamos tejiendo,
y son trenzas de hilo dorado.
Damos a alguien un extremo
mientras que por el otro seguimos hilando,
esos cordones infinitos de brillo metálico.

Nadie puede verlos,
y sin embargo nunca paramos de tejerlos.

jueves, 13 de agosto de 2015

Una cavidad vacía

Cuando me levanté al día siguiente, él seguía durmiendo a mi lado. La verdad: era un muchacho muy guapo, media melena morena y ojos café; su abdomen subía y bajaba lentamente. Me permití mirar su rostro suave durante unos segundos antes de levantarme con cuidado.
No sabía el "protocolo" que había que seguir en estos casos, así que me surgieron varias dudas una vez estuve de pie. ¿Podía usar el baño y comer algo mientras él estuviera dormido? ¿Tenía que esperarme a que despertara para despedirme de él, o era posible marcharme ya, sin decir nada? Opté por lo primero y entré al lavabo.
Cuando terminé, él estaba sentado en la cama con un libro en las manos.
- Buenos días -sonrió. "Qué imagen más bella", pensé.
- Eh... Buenos días -contesté, rascándome nerviosa el hombro izquierdo y evitando todo contacto con su mirada.
- ¿Qué tal, has dormido bien? -cerró el libro, dejándolo sobre la mesita de noche. Se levantó y me cogió las manos.
- Bien, de un tirón -me solté una para apartarme una mata de pelo rubio de la cara.
Silencio incómodo.
- Bueno, creo que debería irme -musité.
- ¿No te quedas? Ah... ¿Esto se acaba aquí?
- ¿El qué? -pregunté, nerviosa, aun sabiendo de antemano la respuesta.
Se acercó peligrosamente a mi oído, apartándome el pelo:
- Esto... -susurró, besándome el cuello con suavidad.
Puse mis manos sobre su pecho para apartarlo de mí.
- No... Yo... No, espera, no puede ser. ¿Qué quieres de mí?
- ¡A ti!
- Sí, pero... ¿Por qué?
- ¡Porque eres perfecta! ¿Por qué no consigues darte cuenta? Eres suave, inteligente, amable, cariñosa, divertida...
Pero yo ya no lo escuchaba.
- ¡Para! ¡No, basta! No puede ser...
- ¿Cómo? ¿Por qué no? ¿Qué me falta?
Incrédulo, se miró de arriba a abajo.
- Nada. Eres perfecto para mí -murmuré.
- ¿Cuál es el problema entonces?
Empezaba a desesperarse, y yo aún no había reunido las palabras adecuadas. Me iba a tomar por loca. Lo miré.
- No puedo quererte.
Como no dijo nada, continué.
- No tengo nada aquí dentro -me llevé una mano al pecho-, es una cavidad vacía. Se lo di a alguien, y no me lo ha devuelto. Si pudieras mirar dentro... Me entenderías.
- ¿Hace cuánto de eso ya?
- Mucho tiempo.
- ¿Y aún...?
Asentí. Me sentía como una mierda rechazando semejante proposición, de semejante persona. Yo misma era consciente de que no iba a encontrar a alguien mejor. Tan atento, tranquilo y paciente... Pero no me correspondía a mí esa decisión, sino a la persona que se había llevado mi corazón.
- ¿Te importa que me eche un poquito? No me encuentro muy bien.
- ¿Dejas que por lo menos cuide de ti?
- Claro... Lo siento...
Pero no me dejó terminar la frase, porque me besó los labios. Me cogió en brazos para acostarme otra vez, y me abrazó.
- Esperaré lo que haga falta -me susurró, dulce.
Conocía esa espera. Yo llevaba embarcada en ella ya dos años y unos meses.

¿Era que no iba a caducar nunca ese préstamo?

domingo, 12 de julio de 2015

#40

Te vas... Y tu sombra me deja un horrible agujero negro en el pecho. Aunque lo taparé con algo de ropa, es como la peste y se comerá mi cuerpo poco a poco. 

Mis ojos verdes dejarán de brillar buscando los tuyos y se teñirán de un profundo color gris; mis hombros, caídos, dejarán de servir de punto de apoyo a mis brazos, cansados de rodearte con ternura. Mis labios, tatuados con tu nombre, borrarán su dibujo en un horizonte infinito... Y mi mente, lejos de aquellos prados verdes a los que iba a soñar contigo, no saldrá de las cuatro paredes del mundo real.

El agujero nunca se cerrará, porque la sombra del tiempo compartido seguirá siempre conmigo.