Hoy estoy triste. La noche me envuelve impidiéndome verte. El anhelo sigue ahí, incluso cuando ya te has ido.
Hoy estoy triste, y por repetirlo no dejaré de estarlo. Sin embargo, con quien me puedo ahogar son únicamente este bolígrafo duro y el papel que sufre su tinta.
No hay más palabras porque yo no quiero escribirlas.
Como dijo Neruda, "el viento de la noche gira en el cielo y canta". No sé qué cantará, pero la vela aún llora cera sobre el vaso que la sujeta.
Sé que este texto no tiene ni pies ni cabeza, que solo es una oscuridad abierta y sangrante, una luna roja y herida, pero...
... Hoy estoy triste. No pensaba decírselo a nadie, y por eso aún no he abierto la boca. Odio molestar a las personas con mi propia existencia, a pesar de que ahora mismo me siento muy sola, quiero un abrazo y quiero palabras. Me da igual cuáles, solo quiero que alguien me cuente una historia y me oprima contra su pecho.
Sin embargo, los humanos somos así. Y nadie va a aparecer aquí solamente para sacarme una sonrisa. Esta noche nadie hará magia para mí. Esta noche, moriré sola.
martes, 2 de diciembre de 2014
miércoles, 19 de noviembre de 2014
#32
La verdad es que me encantaría decirte que no necesito a nadie, que vivo bien sola, que me he acostumbrado a este corazón helado y que saco de ahí, gota a gota, mi felicidad, pero la verdad... No puedo. Prometí que nunca te mentiría, y no puedo.
Me encantaría pedirte que te fueras, me encantaría abrir la puerta y echarte, puesto que compartir nunca ha sido realmente lo mío, pero... No puedo.
Igualmente, me encantaría borrarte y no recordarte, no haberte visto nunca. Así, este puñado de sentimientos revueltos llamados "dinosaurios hambrientos en el estómago" no existiría y no estaría acechándome aquí y ahora, en este momento, o en esos cinco minutos antes de verte y en los cinco de después, cuando ya te he perdido de vista. Cuando me rozas o cuando simplemente sonríes, pero... No puedo.
Me encantaría desencadenarme de mi condición de ser humano y romper con las reglas, convertirme en un gólem de hielo, matar esos dinosaurios, echarte y cerrar la puerta, olvidarte.
Pero mírame.
Mírame.
Ya es demasiado tarde.
Ya no puedo.
Me encantaría pedirte que te fueras, me encantaría abrir la puerta y echarte, puesto que compartir nunca ha sido realmente lo mío, pero... No puedo.
Igualmente, me encantaría borrarte y no recordarte, no haberte visto nunca. Así, este puñado de sentimientos revueltos llamados "dinosaurios hambrientos en el estómago" no existiría y no estaría acechándome aquí y ahora, en este momento, o en esos cinco minutos antes de verte y en los cinco de después, cuando ya te he perdido de vista. Cuando me rozas o cuando simplemente sonríes, pero... No puedo.
Me encantaría desencadenarme de mi condición de ser humano y romper con las reglas, convertirme en un gólem de hielo, matar esos dinosaurios, echarte y cerrar la puerta, olvidarte.
Pero mírame.
Mírame.
Ya es demasiado tarde.
Ya no puedo.
Escrito el 14/10/2014.
Audio disponible:
jueves, 9 de octubre de 2014
Orianna V
Suspiró. No podía creérselo aún, pero tenía que lidiar con ello y cuanto antes lo hiciera, mejor. Abrió los ojos en la oscuridad y murmuró:
- Orianna, despierta, por favor.
Inmediatamente, los ojos del robot brillaron pálidos desde su esquina. Lane suspiró y entrecerró los suyos, más tranquila.
- ¿Lane? ¿Qué ha pasado?
- Nada, nada realmente. ¿Me cuentas una historia?
- Internet está apagado, no puedo acceder a ninguna base de datos externa para contarte algo nuevo.
- ¿Puedes ir a encenderlo?
- Claro.
Entonces Orianna se levantó y comenzó a caminar ruidosamente como hacía siempre, moviendo sus centenares de de cadenas y ruedas dentadas hasta formar movimientos mecánicamente perfectos.
- Vale, no, déjalo -suspiró Lane-. Ahora, en el silencio de la noche, haces demasiado ruido y vas a despertar a papá. Siéntate, anda.
El robot obedeció sin vacilar.
- ¿Recuerdas cuando me tropecé por la calle el otro día y caí justo en el charco de barro? -preguntó la muchacha, tapándose con la manta hasta los hombros para terminar hecha una bola y reservar el calor.
- Sí, claro. Fue el jueves pasado, día 4 de marzo. Tus zapatillas no soportaron el bajo coeficiente de rozamiento del suelo mojado y te precipitaste contra el suelo, encima de un charco marrón. Tu falda de cuadros se mojó totalmente y tuviste que lavarla a mano cuando llegaste a casa con ese jabón que te gusta tanto, que dices que huele a lavanda. Y te sollaste el codo, fue cuando te ayudé a incorporarte. ¿Todavía te duele?
Lane había abierto los ojos completamente durante el relato del robot, y cuando terminó los cerró lentamente, pensativa.
- No, ya no me duele -murmuró.
- Me alegro mucho -Lane notó la sonrisa de Orianna, aunque realmente no podía sonreír porque carecía de músculos, pero el tono de su voz lo indicaba dulcemente.
- Oye, ¿en qué calle estábamos?
- En la Street Longway, entre los números 7 y 9.
- ¿Y qué tiempo hacía?
- El sol brillaba mucho en todo lo alto, serían las cinco y media de la tarde. Había alguna nube que otra, pero nada que pudiera ennegrecer el cielo.
- Comprendo... -respondió, con un nudo en la garganta- ¿y la temperatura?
- No lo sé. La verdad es que no la miré -movió la cabeza-. No ibas abrigada así que supongo que sería agradable.
A cada pregunta que Orianna respondía, Lane confirmaba lo que llevaba pensando desde hacía un buen rato, una y otra vez. Cada día intentaba incansablemente hacer de Orianna poco a poco más un ser humano que un robot, una amiga de verdad. Hablaba con ella de cosas cotidianas, le enseñó a reír, a preocuparse por las cosas, a respetar costumbres ajenas, lo que se consideraba que estaba bien y lo que estaba mal, a tener opinión sobre los hechos que se les iban presentando y a aprender, sobre todo, que no tiene por qué coincidir con la opinión de nadie. Que los conflictos no siempre son malos, sino que en estos casos, de hecho, marcan la diferencia entre una persona y otra... Pero se dio cuenta de que todo lo que le iba enseñando ella no lo aprendía, solo lo almacenaba en la memoria. Solo eran datos. Unos y ceros. Variables y líneas de código.
- Orianna, ¿qué es "recordar" para ti? -preguntó finalmente, triste.
- Re... Cor... Dar... ¿Para mí? Recordar es... Recuperar datos de mi memoria interna que normalmente no uso y dejo apartados, y accedo a ellos cuando los necesito para algo.
Lane reflexionó la respuesta.
¿No era prácticamente igual que recordar para los seres humanos?
- Orianna, despierta, por favor.
Inmediatamente, los ojos del robot brillaron pálidos desde su esquina. Lane suspiró y entrecerró los suyos, más tranquila.
- ¿Lane? ¿Qué ha pasado?
- Nada, nada realmente. ¿Me cuentas una historia?
- Internet está apagado, no puedo acceder a ninguna base de datos externa para contarte algo nuevo.
- ¿Puedes ir a encenderlo?
- Claro.
Entonces Orianna se levantó y comenzó a caminar ruidosamente como hacía siempre, moviendo sus centenares de de cadenas y ruedas dentadas hasta formar movimientos mecánicamente perfectos.
- Vale, no, déjalo -suspiró Lane-. Ahora, en el silencio de la noche, haces demasiado ruido y vas a despertar a papá. Siéntate, anda.
El robot obedeció sin vacilar.
- ¿Recuerdas cuando me tropecé por la calle el otro día y caí justo en el charco de barro? -preguntó la muchacha, tapándose con la manta hasta los hombros para terminar hecha una bola y reservar el calor.
- Sí, claro. Fue el jueves pasado, día 4 de marzo. Tus zapatillas no soportaron el bajo coeficiente de rozamiento del suelo mojado y te precipitaste contra el suelo, encima de un charco marrón. Tu falda de cuadros se mojó totalmente y tuviste que lavarla a mano cuando llegaste a casa con ese jabón que te gusta tanto, que dices que huele a lavanda. Y te sollaste el codo, fue cuando te ayudé a incorporarte. ¿Todavía te duele?
Lane había abierto los ojos completamente durante el relato del robot, y cuando terminó los cerró lentamente, pensativa.
- No, ya no me duele -murmuró.
- Me alegro mucho -Lane notó la sonrisa de Orianna, aunque realmente no podía sonreír porque carecía de músculos, pero el tono de su voz lo indicaba dulcemente.
- Oye, ¿en qué calle estábamos?
- En la Street Longway, entre los números 7 y 9.
- ¿Y qué tiempo hacía?
- El sol brillaba mucho en todo lo alto, serían las cinco y media de la tarde. Había alguna nube que otra, pero nada que pudiera ennegrecer el cielo.
- Comprendo... -respondió, con un nudo en la garganta- ¿y la temperatura?
- No lo sé. La verdad es que no la miré -movió la cabeza-. No ibas abrigada así que supongo que sería agradable.
A cada pregunta que Orianna respondía, Lane confirmaba lo que llevaba pensando desde hacía un buen rato, una y otra vez. Cada día intentaba incansablemente hacer de Orianna poco a poco más un ser humano que un robot, una amiga de verdad. Hablaba con ella de cosas cotidianas, le enseñó a reír, a preocuparse por las cosas, a respetar costumbres ajenas, lo que se consideraba que estaba bien y lo que estaba mal, a tener opinión sobre los hechos que se les iban presentando y a aprender, sobre todo, que no tiene por qué coincidir con la opinión de nadie. Que los conflictos no siempre son malos, sino que en estos casos, de hecho, marcan la diferencia entre una persona y otra... Pero se dio cuenta de que todo lo que le iba enseñando ella no lo aprendía, solo lo almacenaba en la memoria. Solo eran datos. Unos y ceros. Variables y líneas de código.
- Orianna, ¿qué es "recordar" para ti? -preguntó finalmente, triste.
- Re... Cor... Dar... ¿Para mí? Recordar es... Recuperar datos de mi memoria interna que normalmente no uso y dejo apartados, y accedo a ellos cuando los necesito para algo.
Lane reflexionó la respuesta.
¿No era prácticamente igual que recordar para los seres humanos?
martes, 7 de octubre de 2014
#31
Es idílico...
Tú te acercas y me recoges en tus brazos. En esa mano que acaricia mi espalda guardas mi alma loca, que suelta abarca siempre cada rincón de la Tierra como un gas expandido en el aire, y tú no la dejas escapar...
Porque ahí está, respirando suavemente como la luna respira el manto de estrellas del cielo nocturno. Y cambia de color a cada latido de tu pecho, colores vivos que se expandirán de nuevo por el universo a la velocidad de la luz cuando me sueltes.
Y mientras, mi mente reposada descansa en tu hombro. Todo pensamiento es nulo, no permitido, no existe. No hay cabida en este mundo compartido para un pensamiento, puesto que todo es tuyo en este momento.
Sujetas mi infinito con un simple abrazo.
No falta nada, todo está aquí, guardado entre tu pecho y el mío.
Tú te acercas y me recoges en tus brazos. En esa mano que acaricia mi espalda guardas mi alma loca, que suelta abarca siempre cada rincón de la Tierra como un gas expandido en el aire, y tú no la dejas escapar...
Porque ahí está, respirando suavemente como la luna respira el manto de estrellas del cielo nocturno. Y cambia de color a cada latido de tu pecho, colores vivos que se expandirán de nuevo por el universo a la velocidad de la luz cuando me sueltes.
Y mientras, mi mente reposada descansa en tu hombro. Todo pensamiento es nulo, no permitido, no existe. No hay cabida en este mundo compartido para un pensamiento, puesto que todo es tuyo en este momento.
Sujetas mi infinito con un simple abrazo.
No falta nada, todo está aquí, guardado entre tu pecho y el mío.
lunes, 15 de septiembre de 2014
#30
No espero nada de ti, nada especialmente, quiero decir.
El día que quieras puedes coger la puerta y marcharte, irte, dejarme, y yo lo aceptaré.
¿Qué podría hacer si no? Yo no elijo tu destino. Sin embargo, me gustaría mucho que te quedaras, al menos por ahora, pues me siento sola.
Piénsatelo, puesto que una vez cruzado el umbral no hay vuelta atrás, nunca, jamás. Un corazón roto no puede volver a pegarse de nuevo porque no es papel, sino cristal.
Ya te digo, eres libre. No puedo elegir tu destino, aunque me gustaría. Cuando te vayas, te echaré de menos.
Sin embargo todo pasa, y seguramente conoceré otra persona. No estoy diciendo que llegue a ser feliz con ella, solo que la conoceré. Son cosas totalmente distintas, y que espero que aprecies.
Hace mucho tiempo que todo esto dejó de ser un sueño para convertirse en una realidad color violeta y con un suave olor a verano. Tú y yo, ahora ya estamos aquí, hemos llegado, y de la mano esperaría irme contigo a todas partes.
No espero nada de ti, nada especialmente, quiero decir, sin embargo no quiero que te vayas, al menos ahora, porque algo en mí me dice ahora al menos soy feliz.
El día que tú quieras puedes coger la puerta y marcharte, irte, dejarme, y yo lo aceptaré. Tendré que hacerlo...
El día que quieras puedes coger la puerta y marcharte, irte, dejarme, y yo lo aceptaré.
¿Qué podría hacer si no? Yo no elijo tu destino. Sin embargo, me gustaría mucho que te quedaras, al menos por ahora, pues me siento sola.
Piénsatelo, puesto que una vez cruzado el umbral no hay vuelta atrás, nunca, jamás. Un corazón roto no puede volver a pegarse de nuevo porque no es papel, sino cristal.
Ya te digo, eres libre. No puedo elegir tu destino, aunque me gustaría. Cuando te vayas, te echaré de menos.
Sin embargo todo pasa, y seguramente conoceré otra persona. No estoy diciendo que llegue a ser feliz con ella, solo que la conoceré. Son cosas totalmente distintas, y que espero que aprecies.
Hace mucho tiempo que todo esto dejó de ser un sueño para convertirse en una realidad color violeta y con un suave olor a verano. Tú y yo, ahora ya estamos aquí, hemos llegado, y de la mano esperaría irme contigo a todas partes.
No espero nada de ti, nada especialmente, quiero decir, sin embargo no quiero que te vayas, al menos ahora, porque algo en mí me dice ahora al menos soy feliz.
El día que tú quieras puedes coger la puerta y marcharte, irte, dejarme, y yo lo aceptaré. Tendré que hacerlo...
Inspirado por:
MyTrue Self - Teto Kasane
Adiós, amor
En cuanto llegó, Kenna presionó el botón de la grabadora. Se quedó muda, no le salían las palabras. Sin embargo, tenía que irse, y lo que no quería era marcharse sin decir adiós. Se mordió el labio y comenzó a balbucear unas palabras:
- Oye… Que… Bueno, supongo que hola. No sé por qué estoy grabando esto, ni siquiera sé si lo vas escuchar alguna vez, solo quería dejar claras un par de cosas. La verdad es que… No sé… No sé muy bien cómo… Cómo tengo que empezar esto. Supongo que por el principio, y el principio son las gracias. Quería darte las gracias, porque, bueno podría decir que te doy las gracias solamente por ser tú, porque es cierto. Hacía mucho tiempo que… Necesitaba… Algo… Que me recordara que, bueno, la vida no es solo estudiar magia y pensar en el futuro, sino que también está el presente.
>>Yo estaba un poco vacía y viniste a llenarlo todo. La verdad es que quería darte las gracias, porque, no sé, parece que te importo, y eso… Eso es… Eso es mucho para mí. Sabes, en verdad sé todo lo que quiero decirte, pero no sé expresarlo ahora mismo con palabras, es… Es caótico. Esto es caótico. No espero que me entiendas porque en realidad parece que no estoy diciendo nada, pero puedo sintetizarlo en pocas palabras: quiero darte las gracias por haber estado aquí, ¿sabes? Por aguantarme, por decirme eso que según tú no son palabras bonitas sino verdades. Puede que yo no te diga “verdades” pero las pienso todas cuando llego a la habitación y ya no te veo y… Es algo muy raro… Y… Bueno, tú me entiendes, ¿verdad? Porque bueno, no sé, en realidad hace mucho que he dejado de saber. De verdad, no espero que me comprendas, no me estoy justificando ni nada por el estilo, solo eso que…
>>Gracias por… Por cogerme bajo… Bajo tus brazos y mecerme en ellos y dejar que me pierda en tu olor, y estoy llorando, sí, porque hace mucho que no… Que no echo de menos a alguien cuando salgo por la puerta. Hace mucho tiempo que nadie me hace tanto de reír, pero de reír de verdad. Hace mucho tiempo que no tengo a alguien, y cada vez que lo miro, sonrío.
>>Así que, pase lo que pase, de verdad, desde lo más profundo de mi alma, gracias. Porque aunque esto ha salido mal y yo esté muy triste, todos esos pequeños minutos que hemos ido pasando juntos, uno por uno, hasta la más mínima media hora, superarán este mal momento. Gracias otra vez por… Por tenerme tanto cariño, no sé, por querer besarme, por aparecer cuando pensé que todo estaba perdido. Como dijo alguien alguna vez, “más vale tarde que nunca” y en esta ocasión, gracias por haber venido tarde. Sobre todo, gracias por haber venido tarde en vez de nunca.
Volvió a presionar el botón y esperó hasta en en la pequeña pantalla pusiera "guardado" con letras verdes. Cogió su bolsa y salió corriendo por la puerta de la habitación, con la cabeza gacha, recordando a cada paso un beso perdido.
- Oye… Que… Bueno, supongo que hola. No sé por qué estoy grabando esto, ni siquiera sé si lo vas escuchar alguna vez, solo quería dejar claras un par de cosas. La verdad es que… No sé… No sé muy bien cómo… Cómo tengo que empezar esto. Supongo que por el principio, y el principio son las gracias. Quería darte las gracias, porque, bueno podría decir que te doy las gracias solamente por ser tú, porque es cierto. Hacía mucho tiempo que… Necesitaba… Algo… Que me recordara que, bueno, la vida no es solo estudiar magia y pensar en el futuro, sino que también está el presente.
>>Yo estaba un poco vacía y viniste a llenarlo todo. La verdad es que quería darte las gracias, porque, no sé, parece que te importo, y eso… Eso es… Eso es mucho para mí. Sabes, en verdad sé todo lo que quiero decirte, pero no sé expresarlo ahora mismo con palabras, es… Es caótico. Esto es caótico. No espero que me entiendas porque en realidad parece que no estoy diciendo nada, pero puedo sintetizarlo en pocas palabras: quiero darte las gracias por haber estado aquí, ¿sabes? Por aguantarme, por decirme eso que según tú no son palabras bonitas sino verdades. Puede que yo no te diga “verdades” pero las pienso todas cuando llego a la habitación y ya no te veo y… Es algo muy raro… Y… Bueno, tú me entiendes, ¿verdad? Porque bueno, no sé, en realidad hace mucho que he dejado de saber. De verdad, no espero que me comprendas, no me estoy justificando ni nada por el estilo, solo eso que…
>>Gracias por… Por cogerme bajo… Bajo tus brazos y mecerme en ellos y dejar que me pierda en tu olor, y estoy llorando, sí, porque hace mucho que no… Que no echo de menos a alguien cuando salgo por la puerta. Hace mucho tiempo que nadie me hace tanto de reír, pero de reír de verdad. Hace mucho tiempo que no tengo a alguien, y cada vez que lo miro, sonrío.
>>Así que, pase lo que pase, de verdad, desde lo más profundo de mi alma, gracias. Porque aunque esto ha salido mal y yo esté muy triste, todos esos pequeños minutos que hemos ido pasando juntos, uno por uno, hasta la más mínima media hora, superarán este mal momento. Gracias otra vez por… Por tenerme tanto cariño, no sé, por querer besarme, por aparecer cuando pensé que todo estaba perdido. Como dijo alguien alguna vez, “más vale tarde que nunca” y en esta ocasión, gracias por haber venido tarde. Sobre todo, gracias por haber venido tarde en vez de nunca.
Volvió a presionar el botón y esperó hasta en en la pequeña pantalla pusiera "guardado" con letras verdes. Cogió su bolsa y salió corriendo por la puerta de la habitación, con la cabeza gacha, recordando a cada paso un beso perdido.
domingo, 31 de agosto de 2014
La mentira y la lógica
Sí, si yo pienso con lógica, sin embargo, la mentira no es un parámetro válido que se pueda llegar a tener en cuenta para pensar así. Si actúo lógicamente, debería creer en todos aquellos que no tienen razones para mentirme, pero esa lógica no vale. Alguno mentirá.
La mentira se escapa de toda lógica.
Comprendo que la estadística no sea una parte válida de la lógica (humana) porque no se basa en nada sólido, solo en probabilidades: el peor enemigo de la lógica. La lógica necesita que todas las verdades sean 100% exactas. Pero aun así, esas probabilidades ilógicas son más que certeras como para asegurar que todo el mundo ha mentido sin necesidad alguna vez en su vida.
No podríamos preguntar a todas las personas del mundo, una por una, si han mentido alguna vez en su vida porque de ellas mismas depende mentirnos o no, y poniendo el caso de que ninguna haya mentido nunca, podría ser que al preguntar nos mintieran, por lo que habrían mentido, y nuestra estadística sería cierta. Y como no podemos preguntar, aproximamos basándonos en la naturaleza humana y decimos que prácticamente todo el mundo ha mentido alguna vez, por pequeña que sea la mentira: por miedo, por vergüenza... Pero no por supervivencia. Esto es, sin necesidad.
De aquí, podemos deducir paradójicamente que, aunque la estadística no es para nada una parte válida de la lógica humana, nosotros la consideramos como tal, puesto que la afirmación "todo el mundo mentirá alguna vez en el transcurso de su vida, por pequeña que sea la mentira" nos parece totalmente lógica, de hecho, las respuestas a esa afirmación serían las siguientes:
La última afirmación tiene algo de paradoja: si mientes, haces algo ilógico, pero se dobla al no querer mentir. No querer hacer una cosa y hacerla es una de las situaciones más ilógicas que puede vivir un ser humano (libre) en la sociedad actual. Por lo tanto, esta afirmación está doblemente fuera de la lógica.
La mentira se escapa de toda lógica.
Ejemplo: Es lógico que me preocupe por ti cuando tienes un problema, pero si me mientes inventándote el problema, el hecho de preocuparme deja de ser lógico porque en realidad no te pasa nada. Es una paradoja. Para mí sí es lógico, para ti también, porque quieres que me preocupe por ti, pero visto desde una tercera persona, ninguna de las dos partes tiene lógica: ni la mía por preocuparme por algo inexistente ni la tuya por mentir.
Comprendo que la estadística no sea una parte válida de la lógica (humana) porque no se basa en nada sólido, solo en probabilidades: el peor enemigo de la lógica. La lógica necesita que todas las verdades sean 100% exactas. Pero aun así, esas probabilidades ilógicas son más que certeras como para asegurar que todo el mundo ha mentido sin necesidad alguna vez en su vida.
No podríamos preguntar a todas las personas del mundo, una por una, si han mentido alguna vez en su vida porque de ellas mismas depende mentirnos o no, y poniendo el caso de que ninguna haya mentido nunca, podría ser que al preguntar nos mintieran, por lo que habrían mentido, y nuestra estadística sería cierta. Y como no podemos preguntar, aproximamos basándonos en la naturaleza humana y decimos que prácticamente todo el mundo ha mentido alguna vez, por pequeña que sea la mentira: por miedo, por vergüenza... Pero no por supervivencia. Esto es, sin necesidad.
De aquí, podemos deducir paradójicamente que, aunque la estadística no es para nada una parte válida de la lógica humana, nosotros la consideramos como tal, puesto que la afirmación "todo el mundo mentirá alguna vez en el transcurso de su vida, por pequeña que sea la mentira" nos parece totalmente lógica, de hecho, las respuestas a esa afirmación serían las siguientes:
"Sí, es lógico."
"La vida es muy larga, seguramente sea cierto."
"Algunas veces hay que hacerlo, aunque no quieras."
La última afirmación tiene algo de paradoja: si mientes, haces algo ilógico, pero se dobla al no querer mentir. No querer hacer una cosa y hacerla es una de las situaciones más ilógicas que puede vivir un ser humano (libre) en la sociedad actual. Por lo tanto, esta afirmación está doblemente fuera de la lógica.
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