- Recuerda que ahora me debes un beso ¿eh?
- Sí, y tú a mí el secreto de la vida.
- ¿El secreto de la vida? ¿Quieres que te lo diga?
- Mm, bueno, vale.
- Procura ser feliz el máximo tiempo posible.
- ¿Tú eres feliz?
- Buena pregunta. La felicidad son para mí pequeñas cosas. Las pequeñas cosas son efímeras. Entonces puedo decir que mi felicidad es efímera. Yo puedo ser muy feliz tres minutos escuchando una canción, o hablando contigo, aunque el resto del día esté cabreado. Y tú, ¿eres feliz?
- Yo... Yo hace mucho que no soy feliz. Hay pequeñas cosas en determinados momentos que me hacen feliz, pero día a día, no soy feliz. Hay personas que sí que lo son, que viven sin preocupaciones, pero para mí es imposible, siempre tengo una espina en algún sitio.
lunes, 24 de marzo de 2014
#13
- Oye.
- ¿Sí?
- Quiero que me prometas una cosa.
- Dime qué es lo que quieres que te prometa.
- Eres más viejo que yo, así que supongo que, en fin, es la vida. Tú tendrías que morir antes que yo, de forma natural. Así que si lo haces y sigues siendo tú, prométeme, que si puedes vendrás a verme como sea. Y decirme lo que ves.
- Depende. Solo te prometo eso si nos vemos antes de que me muera y me das el mejor y más apasionado beso que le has dado a nadie en tu vida.
- ¿Y si no surge la ocasión? ¡No sería mi culpa!
- Bueno, vale, hecho. Pero inténtalo ¿eh?
- Vale. Si intentas cumplir con lo tuyo, yo intentaré cumplir con lo mío.
- Vale. Hecho.
- Pero ¿para qué quieres ver mi fantasma?
- ¡Para que me cuentes qué hay allí! O qué te dicen, o qué sientes.
- Yo si puedo volver, si de verdad existe algo y puedo volver, si tengo esa opción no la escogería.
- ¡Pero...!
- A ver. Eres joven, así que aún no lo entenderías, pero algún día espero poder explicarte el por qué no volvería.
- Bueno, independientemente, nos veremos.
- Vive tu vida acorde a lo que creas correcto.
- Muy subjetivo es eso.
- Si vives como quieres, si haces lo que quieras en tu vida, si no te arrepientes de nada... ¿Para qué quieres otra vida?
- No quiero otra vida, solo quiero no desaparecer.
- A tu edad pensé lo mismo. Pensé en lo efímero que era todo. Que qué pintaba yo en el mundo.
- Sí, que todo va a seguir igual.
- Que quién me recordaría el día de mañana. De hecho lo sigo pensando. Para alguien como yo el ser ignorado es el mayor insulto del mundo. Entonces pienso en muchas cosas, en lo que quiero y en lo que tengo, en lo que podía haber sido, en qué soy. Y sabes, al final pienso que solo te recordará la gente a la que hayas marcado, a la que hayas dejado una huella. Esa gente te recordará de verdad, aunque sea brevemente. Pero realmente no lo sé. A veces me parece suficiente que me recuerde la gente que me quiere. Otras veces quiero que me recuerde todo el mundo, que todo el mundo sepa quién fui yo. Es muy confuso...
- ¿Sí?
- Quiero que me prometas una cosa.
- Dime qué es lo que quieres que te prometa.
- Eres más viejo que yo, así que supongo que, en fin, es la vida. Tú tendrías que morir antes que yo, de forma natural. Así que si lo haces y sigues siendo tú, prométeme, que si puedes vendrás a verme como sea. Y decirme lo que ves.
- Depende. Solo te prometo eso si nos vemos antes de que me muera y me das el mejor y más apasionado beso que le has dado a nadie en tu vida.
- ¿Y si no surge la ocasión? ¡No sería mi culpa!
- Bueno, vale, hecho. Pero inténtalo ¿eh?
- Vale. Si intentas cumplir con lo tuyo, yo intentaré cumplir con lo mío.
- Vale. Hecho.
- Pero ¿para qué quieres ver mi fantasma?
- ¡Para que me cuentes qué hay allí! O qué te dicen, o qué sientes.
- Yo si puedo volver, si de verdad existe algo y puedo volver, si tengo esa opción no la escogería.
- ¡Pero...!
- A ver. Eres joven, así que aún no lo entenderías, pero algún día espero poder explicarte el por qué no volvería.
- Bueno, independientemente, nos veremos.
- Vive tu vida acorde a lo que creas correcto.
- Muy subjetivo es eso.
- Si vives como quieres, si haces lo que quieras en tu vida, si no te arrepientes de nada... ¿Para qué quieres otra vida?
- No quiero otra vida, solo quiero no desaparecer.
- A tu edad pensé lo mismo. Pensé en lo efímero que era todo. Que qué pintaba yo en el mundo.
- Sí, que todo va a seguir igual.
- Que quién me recordaría el día de mañana. De hecho lo sigo pensando. Para alguien como yo el ser ignorado es el mayor insulto del mundo. Entonces pienso en muchas cosas, en lo que quiero y en lo que tengo, en lo que podía haber sido, en qué soy. Y sabes, al final pienso que solo te recordará la gente a la que hayas marcado, a la que hayas dejado una huella. Esa gente te recordará de verdad, aunque sea brevemente. Pero realmente no lo sé. A veces me parece suficiente que me recuerde la gente que me quiere. Otras veces quiero que me recuerde todo el mundo, que todo el mundo sepa quién fui yo. Es muy confuso...
domingo, 23 de marzo de 2014
Orianna III
- Tic-tac. El tiempo corre.
Lane seguía apalancada en su silla de madera con los brazos apoyados en el escritorio, y entre ellos, los papeles que tenía que memorizar de la asignatura que más odiaba: biología, el estudio de las cosas vivas.
- ¡Orianna! Así no me ayudas -gimió.
- Lane, ¿para qué estudias? -la robot se levantó de su rincón y se asomó al escritorio por encima del hombro de la muchacha, mientras esta pensaba la respuesta cuidadosamente.
- Hombre, pues... -se recostó en el respaldo, suspirando- Para forjar mi futuro, para ser alguien cuando sea mayor, para tener algo a lo que agarrarme. No estoy segura, solo sé que si no paso los exámenes y no recibo el papel donde lo verifica, mi futuro será tan negro como el carbón, e incluso no podré trabajar.
- ¿Si no presentas un papel no puedes trabajar?
- Sí, algo parecido.
- ¿Y por qué no lo escribes tú en vez de sufrir para que te lo den?
- ¡Porque eso no puedo hacerlo! Además, para poder trabajar necesito tener conocimientos sobre los que poder trabajar ¿no? Por ejemplo, yo ahora solo tengo los conocimientos de matemáticas, física, filosofía, inglés, etcétera, que aprendo en el instituto, más los que mi padre me da sobre programación robótica y mecánica. ¡No tengo nada más! No puedo trabajar como ingeniera aeronáutica o como secretaria de un alto ejecutivo francés. Tengo que estudiar física dedicada a la aeronáutica o francés como segundo idioma para poder ejercer esas profesiones.
Orianna parecía comprender. Lane se dio la vuelta para seguir estudiando.
- Lane...
La muchacha suspiró.
- Dime.
- Entonces, ¿gastas un tercio de tu esperanza de vida estudiando para intentar encontrar un trabajo que te guste, donde aunque te guste tengas que estar haciendo lo mismo los dos tercios de tu vida restantes para obtener unos papeles de colores con números que según los datos que recojo todos los días parece que se intercambian por lo que quieras, para, finalmente, alcanzar la felicidad teniendo todo aquello que deseas, cuando eres tan mayor que lo único que te hace feliz en sentarte delante de la televisión mirando cómo pasa la vida para los demás, como un ciclo sin fin, algo que se repite una y otra vez pero con distintas circunstancias y distintos matices que, según los humanos, "hacen la vida diferente para cada persona"?
Lane seguía apalancada en su silla de madera con los brazos apoyados en el escritorio, y entre ellos, los papeles que tenía que memorizar de la asignatura que más odiaba: biología, el estudio de las cosas vivas.
- ¡Orianna! Así no me ayudas -gimió.
- Lane, ¿para qué estudias? -la robot se levantó de su rincón y se asomó al escritorio por encima del hombro de la muchacha, mientras esta pensaba la respuesta cuidadosamente.
- Hombre, pues... -se recostó en el respaldo, suspirando- Para forjar mi futuro, para ser alguien cuando sea mayor, para tener algo a lo que agarrarme. No estoy segura, solo sé que si no paso los exámenes y no recibo el papel donde lo verifica, mi futuro será tan negro como el carbón, e incluso no podré trabajar.
- ¿Si no presentas un papel no puedes trabajar?
- Sí, algo parecido.
- ¿Y por qué no lo escribes tú en vez de sufrir para que te lo den?
- ¡Porque eso no puedo hacerlo! Además, para poder trabajar necesito tener conocimientos sobre los que poder trabajar ¿no? Por ejemplo, yo ahora solo tengo los conocimientos de matemáticas, física, filosofía, inglés, etcétera, que aprendo en el instituto, más los que mi padre me da sobre programación robótica y mecánica. ¡No tengo nada más! No puedo trabajar como ingeniera aeronáutica o como secretaria de un alto ejecutivo francés. Tengo que estudiar física dedicada a la aeronáutica o francés como segundo idioma para poder ejercer esas profesiones.
Orianna parecía comprender. Lane se dio la vuelta para seguir estudiando.
- Lane...
La muchacha suspiró.
- Dime.
- Entonces, ¿gastas un tercio de tu esperanza de vida estudiando para intentar encontrar un trabajo que te guste, donde aunque te guste tengas que estar haciendo lo mismo los dos tercios de tu vida restantes para obtener unos papeles de colores con números que según los datos que recojo todos los días parece que se intercambian por lo que quieras, para, finalmente, alcanzar la felicidad teniendo todo aquello que deseas, cuando eres tan mayor que lo único que te hace feliz en sentarte delante de la televisión mirando cómo pasa la vida para los demás, como un ciclo sin fin, algo que se repite una y otra vez pero con distintas circunstancias y distintos matices que, según los humanos, "hacen la vida diferente para cada persona"?
viernes, 21 de marzo de 2014
Escritura automática #1
No, el champú ya no se lleva. Fotos de casas rotas por el viento, sin acetona que llevarse a la cabeza más que el suave murmullo de una hoja de agua ardiendo en el puchero de un aparato viejo, roído por las lámparas que desprenden un halo de misterio cuando las respiras. También me gustan los pintalabios azules que se comen, como un regalo, así redondos llenos de paz y armonía, y ¿a quién no le gustan los trenes? Uno tras otro y el otro tras uno, ¿trasunto? no, no lo untes que no quiero pan con el tapón violeta. Aquellas tardes bicolor, tanto leonadas como grises, que desprendían quemaduras de limón anaranjado por el sol, tampoco era muy de esperar dejar la mente en blanco y sucumbir al pequeño pecado capital, tan grande como una aguja y tan galaxia como un inmenso. ¿Y por qué el blanco y el negro son el mismo color? Al igual que dos más dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis, dieciséis años tiene mi perro ahora y dentro de tres décadas. Las sartenes destapadas huelen menos a bombilla helada. No me gustaría jugar al ajedrez si para ello tengo que buscar en mi agenda la palabra "perdido" y hacer un colgamiento a la cordura borrada por una cartera barata de marca blanca, como la cera negra del carbón en otoño y el yugo y las flechas de aquellos que un día fueron reyes y reyes serán, con todo y con eso, lo querrán, y amén, y amén hermano, dicen los que han de rezar, que con pan y con vino todo se escribe y acaba en la hora que ha de terminar. ¿Te sentarías al lado del enchufe en el rabo de una vaca que ha comido ratones sin cola podrida? Porque yo no tendría la suficiente cohesión superficial como para realizar un salto de esas catacumbas vivientes. Además de que diez años luz es una distancia considerable al número de vueltas que da un péndulo allá por martes y trece. Me gustan mucho los espejos que no muestran fantasmas y que sin embargo, tal y como dijo alguien, "tienes más cuento que Callejas", ah no, Canalejas, o no, puede que fuera Aznar, o Picasso, ¿realmente alguien lo sabe, lo sabes tú? Al igual que el número de átomos de un compuesto atómico es igual al número de veces que una persona pierde un brazo a lo largo de las trompas de Falopio, Falopio, sodio, litio, potasio y rubidio, eran los hermanos Dalton pero vestidos con minifaldas de tabla haciendo un periódico para la lámpara que se titularía "déjame vivir, porque si no lo haces estaré brillando".
domingo, 9 de marzo de 2014
El Libro de las Magias: Historia II
Aetha era realmente guapa. Todo mago animal quedaba prendido inevitablemente de ella. Tenía las características físicas propias de un mago salvaje que ha elegido un felino como animal de transformación: los bigotes salían por ambos lados del tabique nasal y sus ojos rasgados estaban ebrios de intenciones. El pelo solía recogérselo en una cola de caballo alta que dejaba ver su rostro suave y perfecto. Sus brazos, ágiles, terminaban en unas manos delicadas con dedos largos y uñas duras y afiladas, que tan locas volvían a sus amantes, y sus piernas eran esbeltas y entre ellas siempre dejaba ver su cola suave y mullida de tigre albino de alta montaña.
domingo, 23 de febrero de 2014
Trozos de diarios perdidos, I.
"Hemos hecho la primera parada, todo el mundo está exhausto. Ahora vienen los últimos, se me caen los mocos.
Hemos subido una montaña entera, tengo todo el cuerpo sudoroso. La gente ríe, pero todos están cansados. Parece que nunca termina de venir la gente, ahora miro y somos muchos. Era yo una de las primeras.
Pregunto a algunos "¿Cómo estás?"
- Bien, bien.
- Cansada.
Veo a gente conocida, gente conocida desde hace una semana, un mes, y hasta tres años. Mis compañeras discuten con el profesor: están cansadas y no quieren volver nunca más. Las vistas son PRECIOSAS, así que merece la pena solo para ver esto. Bueno, creo que ya estamos todos... Ah no, siguen viniendo de abajo... Impresionante. Saludo a la gente, sonrío, y no me dicen nada. Buah... Hay gente para todo. La verdad, estoy deseando comenzar.
- Chicos, nos vamos.
Luego sigo.
Madre mía. ¡Me he caído redonda! Estoy aún exhausta. No puedo más. ¡¡Menuda montaña nos han hecho subir!! Me caí literalmente, llorando. Puff. Hemos parado antes dos veces, pero no me dio tiempo ni a sentarme.
Andrés, de 1º de Bachillerato, tirando aceitunas de los árboles a las personas de delante. Ahora hay que bajar la montaña.
No tengo ganas ningunas.
PUF.
Dicen que nos vamos ya.
No tengo ganas.
Luego seguiré, SI ME DA TIEMPO."
No hay fecha exacta, pero está escrito sobre el 2010, en una de las excursiones que hicimos con el instituto.
Hemos subido una montaña entera, tengo todo el cuerpo sudoroso. La gente ríe, pero todos están cansados. Parece que nunca termina de venir la gente, ahora miro y somos muchos. Era yo una de las primeras.
Pregunto a algunos "¿Cómo estás?"
- Bien, bien.
- Cansada.
Veo a gente conocida, gente conocida desde hace una semana, un mes, y hasta tres años. Mis compañeras discuten con el profesor: están cansadas y no quieren volver nunca más. Las vistas son PRECIOSAS, así que merece la pena solo para ver esto. Bueno, creo que ya estamos todos... Ah no, siguen viniendo de abajo... Impresionante. Saludo a la gente, sonrío, y no me dicen nada. Buah... Hay gente para todo. La verdad, estoy deseando comenzar.
- Chicos, nos vamos.
Luego sigo.
Madre mía. ¡Me he caído redonda! Estoy aún exhausta. No puedo más. ¡¡Menuda montaña nos han hecho subir!! Me caí literalmente, llorando. Puff. Hemos parado antes dos veces, pero no me dio tiempo ni a sentarme.
Andrés, de 1º de Bachillerato, tirando aceitunas de los árboles a las personas de delante. Ahora hay que bajar la montaña.
No tengo ganas ningunas.
PUF.
Dicen que nos vamos ya.
No tengo ganas.
Luego seguiré, SI ME DA TIEMPO."
No hay fecha exacta, pero está escrito sobre el 2010, en una de las excursiones que hicimos con el instituto.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Conversaciones con Mina II
- ¡Hola, Mina! ¿Qué tal la mañana?
Mina no respondió, se sentía seca.
- Ah... ¿Quieres agua? Espera...
Le di un vaso de agua. Parecía sentirse mejor, con lo que comencé mi historia.
- Ayer, definitivamente, dijo que me olvidara de él. Hace menos de unos dos meses prometió que estaría ahí para siempre, pero lleva unos días muy muy raro. Le pregunté qué le pasaba y bueno, esa fue la respuesta. Que nada, que se acabó. Que ya no se puede volver atrás, que eso ha pasado y se ha quedado ahí, como un bonito recuerdo. Y ambos queremos dejarlo así, bien, sin discutir, para recordar solo los buenos momentos, pero ya te digo, que se han quedado ahí... En la línea del olvido de la que hablo en mi blog. Esa línea delgada y refinada que separa dos mundos. Donde se depositan el pensamiento, los recuerdos. ¿Dónde están si no? ¿Dónde se almacenan los recuerdos si no? Bueno, no estoy realmente hablando de eso. Así que, se acabó, Mina, no hay nada más. Yo puede que estuviera esperando... No sé... Fue corto y aún lo estoy olvidando. Pero ¿sabes qué?, por mucha rabia que me dé, sí, es mejor. ¿Cómo que "por qué"? Porque ahora sé que nunca más habrá nada, que no me quiere, que será feliz con otra persona que esté más cerca de él. Que pueda tocarle, sonreírle, y hacerle feliz. A alguien quien al menos pueda ver una vez a la semana, eso es todo. Sí, ya lo sé, por favor, no te molestes por eso. No puedo cambiar lo que soy, y parece que aún tengo algo en el corazón que es suyo, que no debería tener, pero que quizás tengo. No sé lo que quiero, pero no quiero ni sufrir yo, ni que sufra él, ni que sufra nadie. A veces me encantaría realmente ser como tú. A partir de ahora, voy a dejar pasar el tiempo. Así, Mina, así, de fácil. Dejar pasar el tiempo. Dicen que lo cura todo ¿no? Pues ya está. Llevaba tiempo temiéndome esto y ahora por fin ha pasado. Ya no tengo que preocuparme más. Un recuerdo. Eso es lo que es ahora. Palabras volando por el aire...
Mina no respondió, se sentía seca.
- Ah... ¿Quieres agua? Espera...
Le di un vaso de agua. Parecía sentirse mejor, con lo que comencé mi historia.
- Ayer, definitivamente, dijo que me olvidara de él. Hace menos de unos dos meses prometió que estaría ahí para siempre, pero lleva unos días muy muy raro. Le pregunté qué le pasaba y bueno, esa fue la respuesta. Que nada, que se acabó. Que ya no se puede volver atrás, que eso ha pasado y se ha quedado ahí, como un bonito recuerdo. Y ambos queremos dejarlo así, bien, sin discutir, para recordar solo los buenos momentos, pero ya te digo, que se han quedado ahí... En la línea del olvido de la que hablo en mi blog. Esa línea delgada y refinada que separa dos mundos. Donde se depositan el pensamiento, los recuerdos. ¿Dónde están si no? ¿Dónde se almacenan los recuerdos si no? Bueno, no estoy realmente hablando de eso. Así que, se acabó, Mina, no hay nada más. Yo puede que estuviera esperando... No sé... Fue corto y aún lo estoy olvidando. Pero ¿sabes qué?, por mucha rabia que me dé, sí, es mejor. ¿Cómo que "por qué"? Porque ahora sé que nunca más habrá nada, que no me quiere, que será feliz con otra persona que esté más cerca de él. Que pueda tocarle, sonreírle, y hacerle feliz. A alguien quien al menos pueda ver una vez a la semana, eso es todo. Sí, ya lo sé, por favor, no te molestes por eso. No puedo cambiar lo que soy, y parece que aún tengo algo en el corazón que es suyo, que no debería tener, pero que quizás tengo. No sé lo que quiero, pero no quiero ni sufrir yo, ni que sufra él, ni que sufra nadie. A veces me encantaría realmente ser como tú. A partir de ahora, voy a dejar pasar el tiempo. Así, Mina, así, de fácil. Dejar pasar el tiempo. Dicen que lo cura todo ¿no? Pues ya está. Llevaba tiempo temiéndome esto y ahora por fin ha pasado. Ya no tengo que preocuparme más. Un recuerdo. Eso es lo que es ahora. Palabras volando por el aire...
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