domingo, 4 de febrero de 2018

Lana, Vert y Trize III

- Estás hoy demasiado callada.
Como Lana no repondía, Trize insistió.
- ¿Qué te pasa?
- Como si no lo supieras.
- Bueno. ¿Y qué te preocupa? -se acercó a Lana despacio, sentándose a su lado.
- ¡Todo! Todo lo que pueda pasar.
- No ha pasado nada todavía, y siempre puedes dar marcha atrás.
- Ha pasado todo ya, lo sabes. Todo está escrito.
- Estás paranoica... Mírame cuando te hablo, por favor.
Lana giró la cabeza con desgana, y Trize siguió hablando:
- Escúchame, esta vez...
- ... ¿Puede ser diferente? ¿Cuántas veces he escuchado eso ya? -replicó, levantándose del sofá- Sí, por supuesto -comenzó, con sorna-, puede ser que esta vez el "yo no te haría nunca daño" sea verdad, como las sonrisas, los abrazos, los besos. Esta vez, sí, por qué no, quizá me devuelva todo lo que yo le dé, incluso más. Puede ser que esta vez sea la definitiva, y me saque de aquí -miró hacia arriba, levantando los brazos-, ¡puede que, fijate, rellene esto! -tiró del escote del vestido hacia abajo, hasta que la compuerta de su cavidad quedó al aire y se abrió sola- ¿Quieres meter la mano? Se comería hasta un puñado de pelos.
- Lana... Por favor, guarda eso. -Trize había desviado la mirada hacía rato.
- ¿Te incomoda? Tú no tienes.
- No, yo directamente ahí no tengo nada.
- Exacto, soy yo la que debe aguantar todo esto, la que ha de tener esta carga. ¿Por qué yo, de las tres? ¿Por qué?
- Ya hemos discutido esto antes...
- Y nunca has sabido responderme -se subió el vestido.
- ¿Prefieres contárselo a Vert?
- No, no quiero contárselo a nadie... Pero como eso no va a ser posible, prefiero que seas tú quien me escuche.
- Tienes miedo.
- Lo tengo. Muchísimo.
Trize dio golpecitos en el sofá, instando a Lana a volver a sentarse con ella. Misteriosamente, accedió:
- Tengo miedo a todo lo que pueda pasar. Tengo miedo a enamorarme, a que me guste, a seguir adelante. Tengo miedo a perder una oportunidad, a quedarme sola y a no salir nunca de aquí. ¿Qué tengo que hacer? Es como un pasillo en el que ambos extremos están cerrados.
- Así lo ves tú, no yo.
- ¿Qué ves entonces?
- Una oportundad para salir de aquí.
Lana puso los ojos en blanco:
- ¿Quieres que continúe?
- Eso solo lo sabes tú.
- No -dijo, después de vacilar-, yo no tengo ni idea.
- Venga, esfuérzate... Por favor. Cierra los ojos y concéntrate. Piénsalo bien. ¿Tienes algo que perder?
- La cordura.
- De eso ya no te queda -señaló a la puerta de Vert, cuyo interior parecía inusualmente tranquilo-. Tampoco puedes perder más confianza, ni ganas de seguir. Cuando no tienes nada...
- ... Es difícil perderlo todo -terminó Lana. Trize asintió.
- Cuéntame sobre él. ¿Ella?
- Él -intentó reprimir una sonrisa-. Es... Sensible, cariñoso. Extraño. Hablador, hace... Cosas. Le gusta salir por ahí.
- Eso es bueno -apuntó Trize.
- Sí... Es... Diferente.
- ¿Hay algo que no te convenza?
- Nada, de momento.
- ¿Ves?... Entonces, como tú has dicho, "de momento" vamos bien.
- Pero, ¿y si?...
- ¿Y si te cayese un piano ahora mismo? ¿Y si te tocase la lotería? ¿Estás acaso constantemente pensando en esas cosas?
- No, desde luego...
- Pues ya está. Let it be.
Lana asintió.
- Sí. Podemos ver qué pasa...
- Venga, tranquila. Peor no puede ser.
Se abrazaron, y por un momento se deshicieron.

No hay comentarios:

Publicar un comentario