domingo, 22 de diciembre de 2013

#4

Cada día, cada hora, incluso a cada minuto que pasaba, se iba oscureciendo más y más. Le gustaba menos la compañía, o simplemente el ocio. En cambio, descubrió nuevos gustos y aficiones, entre ellos, pararse a pensar y escribir su historia.
Nadie la iba a leer. A nadie nunca le interesó lo que ella pensara, actuara o dijera. Lo que ella dijera o escribiera, lo que expresara, a nadie, nunca. Ya había asumido que todo lo que escribía no lo iban a leer y por eso podía escribir lo que quisiera. 
Y ahora mismo echaba mucho de menos a una persona.
La llevaba echando de menos un mes y dos días, y esa era la principal razón de su tristeza. E intentaba tranquilizarse y pensar que el tiempo lo cura todo, y que quizás dos meses no era nada, pero ese verano para ella fue realmente inolvidable.

Había entregado tanto...
Y había recibido tanto...
Había, por tanto, sido tan feliz...

... Y ahora esa felicidad se había esfumado tan rápido como la llama de una vela al más ligero soplo.
Y no era como cuando se muere algo que quieres, que simplemente te resignas al cabo de un tiempo y aprendes a vivir sin ello, es el "quiero y no puedo" de que está ahí pero sabes que es imposible.

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